Los celestes tuvieron conocimiento de la suspensión del partido al filo de la una y media, tras la charla técnica
21 dic 2008 . Actualizado a las 02:31 h.El caótico 2008 todavía tenía una última sorpresa guardada al Celta. En este caso de un modo indirecto. Viajó a Murcia, uno de los desplazamientos más largos y complicados de todo el calendario, para nada. Porque a última hora de la mañana fue suspendido el partido por una gastroenteritis de 13 jugadores. El motivo, la ingestión de marisco (una remesa que pidieron los jugadores a Ferrol) en mal estado en la despedida, después de ser cesado, de Javier Clemente el pasado miércoles.
Todo transcurría con normalidad en el hotel de concentración del cuadro vigués hasta las 13.10 horas. En ese momento el delegado del Murcia se puso en contacto con José Ricardo Fernández, su homónimo del Celta, indicándole que varios jugadores del cuadro grana estaban hospitalizados por una gastroenteritis y que el Murcia iba a pedir el aplazamiento del partido. Veinte minutos después, a la una y media, el propio delegado celeste recibió la llamada de Jorge Carretero, el secretario general de la Federación Española, anunciándole la suspensión oficiosa del partido, que sería oficial tan pronto como el equipo recibiese el fax pertinente. El motivo, que acaban de recibir el preceptivo informe médico en la federación de que trece jugadores del Murcia padecían una gastroenteritis y no podían recuperarse para jugar el partido previsto a las seis y media de la tarde. Los futbolistas del Celta tuvieron conocimiento de la situación al finalizar la charla de Pepe Murcia, justo antes de comer.
A partir de ahí fueron saltando a la palestra más datos. La noche del miércoles fue el día de autos, y Javier Clemente ejerció de jefe de ceremonias. Cesado unas horas antes, pero aprovechando la típica cena de Navidad, el entrenador de Barakaldo utilizó el convite como su despedida. En una cena con el marisco como elemento principal. Un producto que los propios jugadores habían encargado en Ferrol.
No pasó nada durante la jornada del jueves, ni del viernes, de aparente normalidad, pero en la madrugada del sábado comenzaron a caer los jugadores. Uno tras otro, hasta 13 según la versión del Murcia. Los peor parados fueron los delanteros Bruno, Peña y Despotovic, que acabaron en el hospital y en un lamentable estado. El resto, entre ellos el céltico Antonio Núñez, también acabaron bastante tocados, aunque el mayor damnificado de todos fue el médico del conjunto grana. A todo esto es necesario añadirle que el Murcia tenía seis bajas entre sancionados y lesionados, el camino estaba expedito para la suspensión.
El Celta nunca intervino en el asunto. La negociación se coció entre el conjunto local y la Federación Española y los celestes se limitaron a recibir noticias. No obstante, la suspensión es toda una faena para el cuadro gallego. No solo en lo deportivo, ya que llegaba a la Nueva Condomina en disposición de engancharse a los puestos de cabeza, sino incluso a nivel económico, ya que los gastos del próximo desplazamiento correrán a cargo del cuadro gallego al tratarse de un asunto de fuerza mayor. ¿Tendrán que aprobarlo los administradores?
La federación le ha dado a Murcia y Celta el plazo de 30 días para establecer una fecha para el partido, margen que coincide con el final de la primera vuelta. Si antes de esta data los dos equipos no se ponen de acuerdo entonces está la propia federación la que ponga día y hora. El partido está abocado a jugarse entre semana y puede suponer un doble desplazamiento para el equipo de Pepe Murcia, que tiene pendientes para acabar la primera vuelta las salidas a Vitoria y Jerez. En ese encuentro el cuadro local no podrá utilizar a ninguno de los tres sancionados, que tienen que descansar por mandato del reglamento.
Después de confirmarse el aplazamiento de un modo oficial, al filo de las cuatro de la tarde, los jugadores del Celta comenzaron el éxodo vacacional. Unos pocos en autobús vía Madrid, otros en coches de alquiler hacia sus lugares de origen y los extranjeros, Dinei y Maris, removiéndolo todo para adelantar sus billetes.