| La gestión del club blanco
Al igual que sigue sucediendo en numerosos clubes de élite, el problema histórico del Real Madrid era que, tras una fachada lustrosa, en realidad los ingresos de cada ejercicio jamás cubrían los gastos generados.
Cuando Florentino Pérez llegó al club en el año 2000, el Real Madrid tenía una deuda de 50.000 millones de pesetas. Además, había comprometido ya los ingresos previstos para ejercicios venideros. Pero a diferencia de lo que le ocurre a otras sociedades fuertemente endeudadas, como el Deportivo, el Madrid contaba todavía con patrimonio propio. Tras un acuerdo con la administración local, cerró un pelotazo urbanístico gracias a su Ciudad Deportiva, situada al pie de la Castellana, la larga milla de oro de la capital. Once hectáreas de esos terrenos fueron recalificadas y el club ingresó 86.000 millones de pesetas (de los que tuvo que dar una pequeña parte al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid). Con ese dinero, el marcador de la deuda bancaria se puso a cero. Además, quedó aún fondo de maniobra para recuperar los derechos de futuros que se habían dilapidado.
Tras sanear, se intentó que los ingresos ordinarios de cada ejercicio cubriesen los gastos ordinarios del mismo. Para ello se trató de generar más dinero, creando una plantilla de galácticos que disparase la publicidad y el merchandising , que pasaron a constituir casi el 50% de los ingresos. En la temporada 2003-04, el Madrid alcanzó el punto de equilibrio. En la siguiente los ingresos superaron ya a los gastos. El club empezó a dar beneficios y con ellos fue asumiendo nuevas inversiones, como la ciudad deportiva de Valdebebas y la remodelación del Bernabéu. Se generó deuda, pero no endeudamiento, porque los beneficios anuales permitían ir afrontando los pagos.
La novedad de la gestión de Calderón es que el Madrid ya vuelve a recurrir al crédito bancario para salvar los ejercicios. Los ingresos ordinarios han dejado de cubrir los gastos. Es la carrera del endeudamiento, y con un problema añadido: el parón inmobiliario cierra la vía del pelotazo y, además ya no queda una ciudad deportiva en el centro para vender.
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