Si en algo están de acuerdo los especialistas es en resaltar el coraje de Valerón y su buena disposición. «Tirado en la camilla y con la rodilla bloqueada, era él el que nos animaba a todos», afirma César Cobián.
El propio Cobián asegura que jamás lo vio con la cabeza baja, «ni siquiera en situaciones complicadas. Para la segunda operación -recuerda-, fuimos sin dormir de Isla Canela a Sevilla, de madrugada, para coger el avión de las siete a Madrid y que lo operase Guillén a la una. Yo iba hundido, más jorobado que él, que era el que me animaba».
Ramón Barral, médico del Deportivo que ha seguido de cerca la recuperación del futbolista, sostiene que la clave del proceso ha sido «la fortaleza mental del jugador y su disposición. No ha tenido ni un momento de debilidad o flaqueza, y además es un excelente paciente», afirma.
Barral sostiene que el momento más delicado del último año fue quizá la incorporación al grupo, en noviembre. «Ahí deja de hacer actividades controladas para empezar a jugar al fútbol, y la superficie ya no es regular. Ahora, ya en activo, tiene un riesgo más alto de lo normal a causa de las tres operaciones que ha sufrido su rodilla izquierda», advierte Barral.
Tal vez Carlos Lalín, readaptador físico del Deportivo, sea el profesional que más horas ha compartido con Valerón. «Son 1.325 sesiones desde que llegó en el año 2000, y unas 500 desde la última lesión, pero muy intensas. Como persona, Juan Carlos es transparente, honesto y coherente con sus ideas y creencias -valora Lalín-. Como profesional pocos dan en este deporte su perfil. Con su constancia y actitud positiva ha conseguido volver a jugar al fútbol después de superar una situación de altísimo riesgo».