El orgullo de Jamaica es un atleta y una persona ejemplar, pero debe aprender a superar la presión

La Voz

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En Rieti quedó confirmado que Asafa Powell (Kingston, Jamaica, 1982) es el hombre más rápido del planeta, pero también que no sabe correr bajo presión. El orgullo de Jamaica es un excelente velocista, quizás el mejor de todos los tiempos, pero está abocado a vivir, al menos de momento, con el estigma de la gran competición. Aunque tenga los mismo 25 años que Gay, el estadounidense le arrasa en personalidad. Le falta aguantar la presión. Por eso quedó descalificado en París, en Atenas sólo pudo ser quinto y hace dos semanas acabó tercero en el Mundial de Osaka.

Es su único hándicap. Todo lo demás lo hace de maravilla. Asafa, fuerte, alto (188 centímetros) y vigoroso, es un hijo ejemplar. Sigue a todas partes a sus progenitores, ambos predicadores en la capital de Jamaica. Por ellos y por su carácter decidió quedarse en Kingston rehusando ir Estados Unidos para entrenar con toda clase de lujos. Por ellos, abandonar su absentismo de juventud -le encantaba tirarse en el sofá de casa- para seguir los pasos de su hermano Donovan, mucho más limitado, pero que se encargó de introducirle en el mundo del atletismo ya en plena adolescencia. Curiosamente Donovan le recomendó más tarde dejar el atletismo, aunque, finalmente, Stephen Francis, su entrenador de toda la vida, se lo impidió.

A día de hoy el plusmarquista mundial continúa entrenándose en una pista de hierba y en un destartalado gimnasio. Por eso apoya toda la planta del pie al correr, pero no importa para una bala humana.