Muy grave. La pinta de este Deportivo no puede ser peor. El público empezó a pitar a los 20 minutos por el ridículo que estaban haciendo los de casa, pero la bronca que se produjo a la media hora es de las que hacen época. Riazor recriminaba al equipo su pasividad cuando el Almería tenía el balón, y habrá que rebuscar mucho en las hemerotecas para encontrar una reprobación tan unánime al Deportivo en tan sólo 30 minutos de campeonato.
Es evidente que Lotina no tiene los mimbres canarinhos de Irureta, pero es que no se ha visto ni rastro del jogo bonito que vendió esta pretemporada, aunque lo que realmente fulminó al público no fue la nulidad creativa del Dépor, sino su falta de espíritu, su actitud sin el balón, en una huelga de brazos caídos inadmisible en el fútbol actual. Y duele eso de echar de menos tan pronto el discurso de Caparrós.
El Almería no es gran cosa, sólo un modesto recién ascendido que se percató en diez minutos de que enfrente no tenía rival. La calidad de Corona, la movilidad de Crusat (el mejor en Riazor) y la presencia de un nueve de verdad, Negredo, fueron suficientes para desarmar a un irreconocible Deportivo.
El calendario de los coruñeses, con los rivales más flojos en las primeras jornadas, les obliga a hacer los puntos pronto, y el arranque no ha podido ser más decadente.
En cuanto al fútbol, mucho se habló este verano de triangulaciones, paredes y extremos. Pues nada de nada. Los únicos intentos creativos, perfectamente inútiles, fueron los de Guardado, que jamás encontró aliados precisos en el toque -más bien enemigos- y que tuvo que recular hasta su área para tocar el balón allá donde su categoría se pierde en distancias imposibles. Aparte del mexicano, nadie logró dar sentido al juego del equipo, con un grave problema de equilibrio en el centro del campo, donde la pareja de pivotes atentó a un tiempo contra la seguridad defensiva y la creatividad.
Las pérdidas de balón en la media, herencia de la temporada anterior cuando no estaba Duscher en el campo, lanzaron las contras del Almería y dejaron vendidos a los defensas locales, incapaces de contener las acometidas visitantes. Ahí se puso las botas el habilidoso Crusat, tan pequeño y rápido como el ex barcelonista Giuly, de infausto recuerdo en A Coruña durante su etapa en el Mónaco.
En el otro área, el Deportivo no tiró entre los tres palos en todo el primer tiempo. Lotina sorprendió sin cambios tras el descanso. El primero, Lafita por Cristian en el 57, y ya enseguida entraron también Verdú y Taborda. Poco cambió el asunto. Con un irrefutable 0-3, Riazor se abocó a la humillación, y ya sólo aplaudía acciones aisladas, como una rabona de Guardado con el público en la puerta.
Lotina pidió cuatro refuerzos hace casi un mes, y parece que con cierta razón. Por ahora no ha llegado ni el primero.