VIGO | David Cal fue recibido a última hora de la tarde de ayer del modo más estruendoso posible por sus paisanos. Gaitas y bocinas se encargaron de anular cualquier voz de la terminal del aeropuerto de Peinador. Muchos niños, muchas banderas con el nombre de su ídolo y unas cuantas pancartas que en absoluto pasaban inadvertidas se encargaron de dar colorido al recibimiento del doble medallista en el Campeonato de Mundo. En el acto no hubo ningún tipo de representación institucional.
Las primeras palabras de David Cal nada más llegar a Vigo fueron de agradecimiento: «Gracias a todos por este recibimiento. A mi familia, a mis amigos y a Rías Baixas», ya que la denominación de origen, además de ser uno de sus patrocinadores, se convirtió en epicentro del recibimiento.
Una hora antes de que el avión que lo trasladaba desde Barajas aterrizase en Peinador, la terminal ya estaba tomada y ya se había convertido en una fiesta. Cangas se había volcado una vez más con su campeón. La gaita amenizó la espera y tan pronto como David asomó la cabeza el griterío se volvió ensordecedor y dio paso a todas las felicitaciones imaginables por parte de sus vecinos, que sólo rompieron el jolgorio para escuchar a su campeón. Como siempre, David fue directo, pero escueto el palabras.
En su alocución dejó dos mensajes. El primero, que ya está de vacaciones. El segundo, que preparará a conciencia los Juegos Olímpicos de Pekín con la esperanza de repetir medalla. Por el momento no sabe dónde hará la preparación, aunque por enésima vez dejó claro que le encantaría que fuese en Pontevedra: «Estoy a gusto allí y cerca de mi casa. Es donde mejor me entreno, pero todavía no está nada decidido».
Recompensa al trabajo
Como siempre, en un segundo plano permaneció Suso Morlán, su entrenador, feliz con el resultado de David y muy contrariado con la actuación española: «David ha sido lo positivo, porque el objetivo de los juegos está cumplido y además con medallas, pero el equipo español no se ha clasificado y por lo tanto sobran comentarios». Sí hizo uno, y además lapidario: «Se acaba de demostrar que el que trabaja recoge su recompensa». Con esta frase salieron del aeropuerto entrenador y medallista rodeados de un buen número de fieles aficionados. Los esperaba Cangas para celebrar el éxito.
Antes, todo el auditorio se quedó con una misiva. David espera vivir otro recibimiento en Peinador a su regreso de Pekín. Sería el mejor síntoma.