testimonios
Chapela competía en A Coruña con una tripulación formada por catorce remeros con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años. Alberto Barreiro, de 32, es uno de los veteranos. Lleva remando desde su infancia y reconoce que nunca ha vivido una situación igual. «Recuerdo como se aproximaba una ola gigante hacia proa y enseguida pensé que no la podíamos superar. Lo siguiente fue verme dando vueltas. Cuando estás bajo el agua parece que no vas a salir de ahí. Se pasa toda tu vida por tu mente, todo en un instante».
Bea Carrera es la mujer de Alberto Barreiro. Estaba en la playa esperando el inicio de la regata con su hijo de tres años y allí vio todo. «Primero como la zódiac saltaba por el aire y pensé que los siguientes serían ellos y ya los vi volcar». Bea Carrera corrió con su hijo por el paseo marítimo de A Coruña hasta el Orzán. «Me puse muy nerviosa, ya que tardé mucho tiempo en localizarlo. Lo pase fatal, no sabía nada de lo que le había pasado, hasta que fue él quien me encontró».
José Antonio Montes, de 24 años era otro de los tripulantes de la embarcación siniestrada. «Estábamos un poco hacia afuera del campo de regatas, y batía mucho el mar, y estaba bajando la marea. Pasaron dos olas y la segunda nos puso vertical. Su fuerza hizo que nos llevara hasta el fondo». Este remero reconoce que pasó el peor momento de su vida. «Pensé que me moría, que no iba a salir de esta, sobre todo cuando la ola nos arrastró hacia el interior y no salía hacia la superficie, a pesar de nadar con todas mis fuerzas. Tropezabas con los cuerpos de mis compañeros, chocabas con los restos de la barca y apenas podía coger un poco de aire, antes de que llegase otra ola».