Una colección recopila la relación de grandes escritores con Galicia

Camilo Franco

CULTURA

Los estudios de cada uno de los volúmenes analizan la manera ?en que el país quedó reflejado en sus obras

29 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Borges. María Esther Vázquez le «contó» Compostela a Borges y le presentó a Ramón Piñeiro, en el centro. Esta se convirtió en una foto histórica de la visita que el argentino realizó a Galicia en 1964.

Cortázar. Julio Cortázar y Aurora Bernárdez llegaron a Galicia desde Portugal en 1957. Vinieron desde Lisboa y se detuvieron en las Rías Baixas para hacerse una colección de fotos, entre ellas esta del puente de A Ramallosa.

Hemingway. Antes que por los toros, Hemingway se sorprendió por la lucha de los pescadores vigueses con los atunes. Pero la famosa atracción del escritor por las corridas no era solo cosa de Madrid o de Pamplona. El novelista acudió en el año 1921 a la plaza de toros coruñesa. No pregunten por Wally; el escritor está abajo, en el centro, con boina y bigote.

Sabato. Ernesto Sabato llegó a Galicia en el 2002. Fue homenajeado por la Universidade de Santiago y por el Pen Club. En su intervención, el escritor argentino explicó la histórica resistencia de los gallegos como colectivo y en su estancia recordó la amista y admiración que había tenido con Lorenzo Varela.

Hemingway fue durante algunos días un escritor vigués. Borges se apoyó en ojos gallegos, Sabato apreció la resistencia proverbial e histórica de Galicia, Cortázar entendió que los gallegos respiran por su idioma, García Márquez vio llover y Azorín entendió el secular aislamiento que padeció este país.

Son los ojos ajenos puestos sobre Galicia a lo largo del siglo XX por personas cuyo oficio era contar. Seis autores protagonistas de la colección presentada ayer por Comunicación, Miradas alleas, y en la que, cada autor con su volumen, se cuentan sus relaciones con Galicia. La de Azorín, investigadora; la de Hemingway, épica; la de Márquez, familiar como la de los autores hispanoamericanos, buscando siempre un antecedente o la proximidad.

La colección reúne ese objeto del deseo de la literatura: la mirada del otro. Es lo que los demás dijeron sobre Galicia con sus correspondientes matizaciones. La relación sentimental y literaria que se fue extendiendo y hasta qué punto la presencia gallega se fue filtrando en su obra, en qué medida estos observadores del siglo XX fueron permeables a Galicia. Los autores se fueron dejando sorprender por lo gallego y fueron trascendiendo lo folclórico y sus mentiras.

Ernest Hemingway llegó a su famosa etapa española por Galicia. Como era dado a encontrar en todo una lucha entre entre el hombre y las fuerzas de la historia, antes que dejarse sorprender por la torería quedó fascinado por la pesca de atún de los vigueses. Se detuvo en la ciudad para ver la lucha uno contra uno entre pescador y pez. Se detuvo a contarlo y escribió sus cartas a casa desde Vigo, sentado frente al mar, como escriben los vigueses.

Lo contó Carlos Casares en un texto recuperado para esta colección en la que Carlos Reigosa rastrea las influencias gallegas del escritor. Hay algunas llamativas. Hemingway estuvo en Galicia en varias ocasiones y fue cronista particular del país para otro autor norteamericano de ascendencia portuguesa, como Borges, John dos Passos. Este autor, quizás espoleado por lo que Hemingway contaba, también incorporó Galicia a su imaginario particular. Pero Hemingway se dejó marcar por el paisaje gallego de manera que en su estancia en África encontró en Kenia algunas similitudes con Galicia. Reigosa considera que hay más elementos entre ellos: el hecho de que en el relato de El viejo y el mar se encuentre esa épica que el escritor había encontrado en el mar de Vigo. Tampoco es una coincidencia, según Reigosa, el hecho de que el protagonista de la historia se llame Santiago, una ciudad que Hemingway consideraba «como una de las bellas del mundo».

Los gallegos también se cruzaron en la carrera literaria del norteamericano y no solo por su relación con Fidel Castro. Enrique Líster tuvo sus más y sus menos con el entonces corresponsal de guerra. Y una gitana gallega que conoció en Madrid acabó convertida en personaje de ¿Por quién doblas las campanas?