«Nos fastidiaron la comida, pero qué le vamos hacer». Esto apuntaba el dueño de La Petenera, en la calle de Riego de Agua. Explicaba que abre habitualmente cuando llegan trasatlánticos porque es autónomo y, en su opinión, cuando llegan barcos aunque sea un día festivo «los autónomos deberíamos abrir siempre porque no pierdes nada». Reconoce que el problema es «cuando tienes que pagarle a un empleado y no vendes nada; entonces sí que no compensa. Pero yo estando en casa no gano nada y aquí a ver cómo va el día». Esto afirmaba justo en el momento en que el crucero estaba atracando en el puerto.
Un grupo de excursionistas catalanes recorrían a esa hora Riego de Agua. Uno de los locales en los que se pararon fue la joyería Alfaia. «Este está rebajado un 30 por ciento», le explicaba Isabel Barreira a una pareja. Todavía no habían llegado los cruceristas, cuyas escalas durante todo el año tiene anotadas la responsable del local, si bien «los barcos casi no se notan porque se los llevan a otros sitios». De todos modos, decía que hay cruceristas que compran: «Los americanos se notan porque el cambio les beneficia mucho».
Para la responsable de la tienda Carmen, en la calle Real, quienes mejor recuerdo han dejado por su generosidad a la hora de comprar ha sido un grupo de canadienses.