entrevista | denis kitchen | Autor y editor de cómics, comisario de la exposición de Will Eisner
«Will Eisner era un señor calvo que iba vestido con traje, y yo un melenudo de pantalón de campana. Ambos fumábamos en pipa aunque, como dijo el propio Eisner, probablemente cosas distintas. Parecía imposible que congeniáramos, pero surgió una relación que duró décadas». Así explica el dibujante y editor norteamericano Denis Kitchen el instante en que conoció al maestro Eisner en 1971, de quien acabaría publicando su obra tardía y clásicos como Spirit y convirtiéndose en su albacea. Esta leyenda viva del cómic underground ha traído hasta el Palacio Municipal una muestra del arte del padre de la novela gráfica.
-¿Sigue siendo necesario explicar la importancia de Eisner en la historia del cómic?
-Es que es importante en varios niveles. De entrada entre los artistas de su generación, ya que fue el primero en darle un aspecto más artístico al cómic. Y por eso fue un incomprendido en su época, porque se adelantó a su tiempo. Fue un innovador que jamás dejó de trabajar. En su vejez, cuando la mayoría de la gente opta por jubilarse, él creó un género nuevo, el de novela gráfica, y publicó una veintena de libros. De hecho, cuando falleció con 88 años, estaba trabajando en un nuevo volumen.
-Usted encabezó, junto a autores como Robert Crumb, la revuelta «underground» del cómic americano de la década de los 60.
-Cuando estaba en la escuela solo había tebeos infantiles, como Disney, y de superhéroes. Quería dedicarme a esto, pero esos géneros no me atraían. Pero surgió toda la contracultura, lo que nos permitió hacer historietas de temas hasta entonces impensables, como el sexo, las drogas, la política... Se les dotó de contenido intelectual. Fue liberador para nosotros y para la generación anterior, que siempre había demandado más libertad.
-¿Qué opina de los que siguieron su estela, como Daniel Clowes o Peter Bagge?
-Son una generación afortunada, porque tuvieron más oportunidades económicas que nosotros y muchas menos restricciones estilísticas y temáticas. Son herederos nuestros, y la mayoría autores fantásticos. A través de ellos se confirmó nuestro espíritu transgresor, no se rompió la cadena, y eso es bueno. El cómic debe ser una expresión artística que esté más allá de saltos generacionales y de tendencias temporales.
-Dice que ahora hay menos restricciones, pero usted tuvo problemas con la censura con una de sus publicaciones. «Omaha», por su carga erótica.
-Y de ahí surgió la Book Legal Defense Fund, una organización con la que pretendemos defender la libertad de expresión en EE.?UU., donde sigue habiendo zonas muy conservadoras. Ahí damos defensa judicial a los afectados por la censura, sobre todo a los libreros de los estados del llamado Cinturón Bíblico Americano. Y es efectivo, ya que ganamos nueve de cada diez pleitos. Aunque la batalla todavía continúa.
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