El último día de cada mes Eustaquio Gianini, el responsable de la restauración neoclásica de la Torre, cobraba su sueldo. Es de suponer que los sindicatos de hoy en día no admitirían que este encogiera mes sí, mes no, pero entonces era variable. 930 reales de vellón en los meses de 31 días y 900 en los de 30. Así lo refleja con una inmaculada caligrafía el Cuaderno copiador de las relaciones mensuales de la obra ejecutada en la reparación de la torre de Hércules.
Es solo uno de la amplia gama de documentos que la Biblioteca de la Casa Consulado guarda en su archivo referidos al faro coruñés. Se trata de varios cuadernos y hojas sueltas que, clasificadas en once grupos diferentes, pueden dar una idea fidedigna de cómo fue el día a día de reconstrucción del faro en el siglo XVIII. Desde el coste de los materiales a las obras ejecutadas, desde las piezas de cantería a las de carpintería, pasando por los verdaderos protagonistas de la gesta. Es decir, lo más parecido que existe en la actualidad a un diario de la remodelación de la Torre.
En esas hojas se recogen con sumo detalle las evoluciones. Por ejemplo, la correspondiente al 31 de mayo de 1789 indica en su apartado de obras de cantería: «Se asentaron 186 piezas de cantería, se construyeron 6 varas cúbicas de macizo de mampostería con cal, se hicieron 68 varas de cuadradas de calea». La misma página, en cuando a obras de carpintería, dice: «Se hicieron 122 balaustres para la escalera y otras atenciones de la obra».
Estos avances tenían su reverso en cuentas, donde se reflejan el cuánto y el quién de los pagos. Ahí está el alistador Manuel Rebollo, Antonio Santos que serraba maderas, Alonso Seoane que conducía carros de arena o Francisco García de Garmendia que se dedicaba a la clavanza. Y, para gestionar el material de la obra y también evitar los robos, un jefe de almacén: Gabriel Josef de Berrando.