Cáritas ofrece a los más necesitados de la ciudad todo tipo de servicios: desde el reparto de alimentos o medicinas, hasta la orientación laboral o la búsqueda de una vivienda
14 jun 2010 . Actualizado a las 12:24 h.«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios». Esta oración sería una de las numerosas referencias que se pueden encontrar en el Evangelio respecto a los más necesitados. Bajo esa línea de pensamiento cristiano, Cáritas es la organización que, de forma palpable y diaria, aplica uno de los mensajes sobre los que se fundó la Iglesia: ayudar al débil. En el caso coruñés, la plasmación de la organización de alcance mundial en la ciudad sería Cáritas Interparroquial, integrada por las 33 parroquias organizadas alrededor de los cuatro arciprestazgos coruñeses: Faro, Cuatro Caminos, Monelos y Riazor, que son una especie de mancomunidades eclesiásticas. El trabajo de base de Cáritas comenzaría en cada una de las parroquias, que en total agrupan el trabajo de unos trescientos voluntarios.
El centro Interparroquial organiza toda esa actividad y, en las diversas sedes que tiene en la ciudad, impulsa las actuaciones que necesitan de una labor más profesionalizada. Para todo ese ingente trabajo, Cáritas maneja unos ingresos cercanos al millón y medio de euros, que proceden de donativos, subvenciones oficiales y del dinero que los contribuyentes envían a través de su declaración de hacienda cuando marcan las dos casillas que destinan el 0,7 de sus impuestos a la Iglesia y a fines sociales, ya que Cáritas accedería a los fondos procedentes de ambos apartados del impreso.
Una de las principales labores de Cáritas pasa por su programa de atención primaria y promoción social. Ahí estaría la principal puerta de entrada en la institución para los excluidos sociales, o en riesgo de exclusión, que se acercan a pedir ayuda para necesidades tan básicas como comer. Además del reparto de alimentos, se gestiona la consecución de medicinas para aquellos a los que no les alcanza para cubrir el porcentaje que deben pagar a la Seguridad Social; se ayuda económicamente a las personas que no reciben otras ayudas sociales que den respuesta a sus necesidades básicas más inmediatas, o incluso se apoya monetariamente a los que tienen dificultades para abonar el importe del alquiler o sencillamente se encuentran en la calle debido a que han agotado los tiempos establecidos para utilizar los centros de acogida. Durante el año pasado, más de 6.300 personas solicitaron alguno de estos servicios en las instalaciones de Cáritas.
Apoyo a los reclusos
Otro de los sectores en los que trabaja esta organización solidaria son los reclusos y ex reclusos. Además de a los presuntos delincuentes, se apoya a las familias con pocos medios para que puedan visitarlos en la cárcel o se les ayuda económicamente si el condenado era el sostén familiar.
También se les apoya en la búsqueda de empleo cuando salen de la cárcel. La orientación laboral también marca la actividad del denominado Centro Atención Hogar, en donde se realiza un servicio de mediación entre las personas que necesitan empleados de hogar y aquellos que quieren trabajar en ese ámbito. Cáritas se ocupa de erradicar las contrataciones abusivas, y ofrece al empleador referencias sobre la persona que aspira al puesto.
Centros de día, residencias y comedores como el Boandanza, Meu Lar o el Sagrada Familia trabajan con la tercera edad, a quienes ofrecen un lugar para relacionarse y pasar su tiempo libre, además de repartir menús de comida diarios.
Otros servicios ya tradicionales de la organización social serían el almacén de muebles, en donde se recoge mobiliario y utensilios del hogar donados por particulares y empresas, que luego son ofrecidos a personas en riesgo de exclusión social; y, el ropero, el servicio más antiguo de todos los que presta Cáritas en España. Aquí trabajan voluntarios que reciben, clasifican y entregan todo tipo de prendas y calzado.
La tan cacareada -y escasa en medios- ley de dependencia tiene en Cáritas a uno de sus precursores, y el Ayuntamiento coruñés ha elegido a la organización cristiana desde la creación de su servicio de ayuda a domicilio para que canalice la prestación de atenciones a las personas que, por diversas causas físicas, necesitan el apoyo de otros para realizar las actividades vitales básicas. En el perfil del usuario de este servicio predominan las mujeres con una edad media de 80 años que viven solas, aunque recibe el apoyo de sus familiares.
Cáritas también ha puesto sus recursos económicos y técnicos a disposición de los inmigrantes, a los que se les facilitan alojamientos de carácter temporal y se les ayuda a normalizar su situación en un país en el que sufren una gran fragilidad legal, económica y laboral.