La llegada de la nueva arena a la playa despertó gran expectación y provocó quejas entre quienes veían cómo teñía el agua. Costas asegura que la acción del mar limpiará los depósitos de caolín de la orilla
24 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Era el día. Se notaba en la balaustrada del paseo. Alrededor de cinto cincuenta personas se daban cita por la tarde para ver cómo se desarrollaban los primeros trabajos de regeneración de la playa. Pero esta vez ya con hechos: con la nueva arena cayendo en el Orzán. Alrededor de las cuatro y cuarto los escépticos pronosticaban un aplazamiento. «Si, home, seguro que se foran traballar ían estar eses aí», decía uno de los curiosos, señalando a dos surfistas que aprovechaban el oleaje para practicar deporte sobre sus tablas.
Les duró poco la sesión. Poco antes de las cuatro y media los operarios de la obra les ordenaron abandonar la playa. En el mar la draga, que transportaba el primer cargamento de arena desde el puerto de Ferrol, ya había empalmado el enorme tubo de acero. En la playa una de las palas seguía alisando el terreno y formando montañas con la vieja arena. La otra pala levantaba el extremo del tubo para enlazarlo con una sección flexible y poder hacer sí una ele. Al mando de la operación se podía ver a cinco operarios junto a los vigilantes.
Chorro de agua y arena
Al poco, el público lo vio: un enorme chorro de agua mezclada con arena vertiéndose con fiereza. Mientras tanto, el oleaje llegaba a la orilla y se llevaba parte de la nueva arena. Entre el público se disparaban todo tipo de especulaciones. Desde los que pensaban que lo que expulsaba el tubo en realidad era una suerte de primer lavado del conducto para luego pasar la arena, hasta los que decían que existía rotura en el cilindro que permitía el acceso de líquido. Uno de los operarios lo desmentía: «Es así como va a salir todos estos días. No hay nada que esté ocurriendo fuera de lo normal».
Pero el vertido de las primeras toneladas de arena provocó una extensa mancha blanca en el mar ocasionada por el polvo de caolín que llega adherido al material. Desde la Demarcación de Costas insistieron en que la arena fue lavada dos veces antes de ser transportada desde la mina de Vimianzo, aunque reconocieron que siempre existe un porcentaje de polvo de caolín que no es posible limpiar. Algunos vecinos se quejaron de que esa mancha blanca contribuirá a que en el futuro la orilla se convierta en un lodazal, aunque técnicos de Costas explicaron que la acción del mar contribuirá a desplazar y limpiar la orilla de estos depósitos.
Esta arena, procedente de una cantera de Vimianzo y sometida a ese doble lavado también para lograr que sea más fina, se depositará paulatinamente en el Orzán. Luego, por encima de ella, se echará una capa de la que ya había en la playa.
Pese a que entre los espectadores ayer las opiniones eran mayoritariamente favorables al relleno («imos a ter moita máis praia e iso é mellor», decía un hombreen medio del debate), los que no lo tienen tan claro son los surferos. Puede que ayer disfrutasen de las últimas olas del Orzán en mucho tiempo. Pese que prometen burlar la seguridad de la obra («esto es un un modo de vida, no un deporte cualquiera, no podemos dejar de hacerlo», explicaba uno de ellos que prefirió mantener el anonimato), los vigilantes permanecerán atentos. «A ver luego si las olas, con el relleno, siguen siendo iguales que ahora», cuestionaba el surfista.