Vestirse bien a golpe de clic

A CORUÑA

Desde el barrio de Vioño esta diseñadora trabaja en una línea de moda que obvia las tiendas tradicionales y opta por Internet para llegar a todo el mundo

31 may 2010 . Actualizado a las 13:52 h.

Los tiempos de cambio son para aquellos que saben leer el presente y proyectar el futuro. La diseñadora Sandra Espiñeira lo tiene claro. «La venta de ropa por Internet está en auge», asegura. «No lo digo yo, lo dicen las estadísticas -continúa-. La gente no tiene tiempo. En el ordenador si te gusta algo le das a un clic. Si no te gusta a otro clic. Así de fácil. Cada vez irá a más, estoy segura».

Dentro de esa tendencia se enmarca Blossan, la marca de ropa que perfila en estos momentos. Saldrá al mercado antes del verano con una particularidad. «Solo voy a vender por Internet -aclara- con una excepción, una tienda que abrirá en los próximos meses en Juan Flórez, que es de mi máxima confianza. El resto se hará a través de la tienda virtual, con opción de devolución, igual que en una tradicional».

Centrada en la moda femenina, Sandra plantea una «línea de precio medio-alto para una calidad muy alta». Lo explica: «Voy a usar telas de muy buena calidad y con acabados artesanos, todo muy detallista. No es una producción en serie, sino volver a lo anterior, a lo tradicional. Trabajaremos entre cinco y seis personas en un taller en el que voy a estar todo el día gestionando y controlando todos esos detalles que luego marcan la diferencia. Hoy en día esa es la única opción para hacerse un hueco».

Para llegar aquí, Sandra tuvo que dar un volantazo en su vida. Licenciada en Ciencias Exactas, trabajó varios meses como analística estadística. «Vi que no me gustaba y lo deje», recuerda. Ese abandono supuso recuperar la vocación soterrada entre los números: «Hice un máster en gestión y dirección de empresas de moda. Luego, me puse a trabajar durante dos años en Tommy Hilfiger y, finalmente, decidí meterme en esta aventura».

Vestidos de muñecas

En la casa de Sandra abundan los libros de moda, los patrones y los rotuladores para dibujar. En cierto modo, siempre ha sido así. «En mi casa esas cosas las tenía mi madre y sí, yo era de esas niñas que le hacían vestiditos a las muñecas y lo andaba cambiando todo», comenta entre risas. De la ropa de muñecas pasó a la propia. Y de la propia a la de otra gente: «Cuando se casó mi hermana me pidió el vestido. Le hice el suyo y uno para mí. A la gente le encantaron y me los empezaron a pedir. Luego, ya me los compraban sobre dibujo».

Loca por los tejidos, confiesa recorrer las tiendas de todas las ciudades a las que va. «Esta la compré en Ourense. Me gustó tanto que me llevé toda la que había», dice mostrando los más de 40 metros tela. «Para mí el tejido es fundamental. Cambia todo completamente en función del material que uses. Yo trabajo para una mujer a la que le gusta sentirse bien, coqueta y femenina, pero que no pierda la comodidad».

En los estantes de su casa abundan las revistas de moda como Vogue o Elle. «No fallo a mi cita mensual», confiesa mientras recorre sus cantos con la yema del dedo. Ahora es el turno para que su ropa termine algún día comentada en esas páginas.