Con solo 14 años ya da espectáculos de magia y se prepara para profesionalizarse
Con 14 años lo tiene claro: quiere ser mago. Es más, lo sabe perfectamente desde hace cuatro, cuando tras una velada del mago Antón en el teatro Rosalía de Castro se le encendió la bombilla vocacional. «Antes me gustaba la magia, pero esa actuación fue el verdadero comienzo de todo para mí», recuerda Joshua, un estudiante de los Salesianos que lleva varios años haciendo peripecias para combinar su pasión por la magia con los estudios. «Sí, yo paso de estudiar historia a hacer trucos con las cartas en cuestión de segundos. Pero, ya se sabe, el estudio es lo primero».
Joshua es la última anilla de una cadena de magos que han situado A Coruña dentro del mapa nacional e, incluso, internacional. Todos los martes se reúne con sus colegas en la Asociación de Ilusionismo de A Coruña. Es el más joven: «Llevo solo unas semanas con ellos y es un sitio estupendo al que animo a apuntarse a todos los que tengan interés en este mundo». Pero, además de su juventud, Joshua posee una singularidad: «La mayoría de la gente en A Coruña practica lo que se denomina magia de cerca. A mí me va la magia de salón, donde se utilizan cosas más grandes, barajas jumbo, jarrones, etcétera».
El joven mago ha subido a unos cuantos escenarios gracias a sus dos habilidades: hacer magia y saber venderse a sí mismo. «Yo reparto mis tarjetas por ahí a la gente y, si alguien me quiere contratar para un cumpleaños o una fiesta privada, me llaman y yo me adapto a lo que sea. Si tienen escenario, genial, si no, también».
Por ahora, ya ha actuado en varios aniversarios, colegios, festivales de oenegés e incluso en el hotel Finisterre. En la gala de Intermón Oxfam lógicamente no cobró («participé totalmente gratis»), pero en su reciente visita al cinco estrellas coruñés ya se cotizó lo suficiente: «En esa última cobré 200 euros. Creo que para mi edad estoy teniendo bastante suerte».
Aprendizaje
Desde que redirigió sus pasos a la magia, Joshua acumula en su casa de la calle Cordelería libros, pañuelos, pelotas y hasta su esmoquin de gala. «Es de mi tío abuelo y lo uso en las actuaciones muy especiales», comenta. Pero de todos los cachivaches existe un aparato básico para su formación: el ordenador. «Para aprender lo mejor es Internet. Yo busco casi todo ahí, desde trucos a los objetos que empleo. En A Coruña no hay ninguna tienda de magia e Internet es mi aliada principal».
Ya tiene planes de futuro: «Estoy preparando un espectáculo entero con una asistente. Será con grandes ilusiones, cajas grandes y utilizando personas. Será mi primera gran actuación. Para ello necesitaría un escenario grande» ¿Cuál? ¿el del Rosalía de Castro? ¿El Colón? «Estaría bien [se ríe] pero valdrían muchos otros».
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