Eloy Rodríguez sabe que el terreno en el que se mueve está plagado de supuestos intrusos. «Se suele decir que hay muchos pinchas, pero muy pocos diyéis -explica-. Yo pienso que hay dos niveles, el que pincha en un pub un día como algo divertido y el que se quiere dedicar profesionalmente a esto. El papel del segundo creo que está infravalorado. No existe la cultura que hay en Alemania, donde a un DJ se le trata igual que a un músico».
Cuando se toma un camino como el de Eloy se puede chocar con el público: «Si pinchas cosas muy conocidas es normal que le gustes a la gente -reflexiona-, pero tienes que ir más allá y tener tu propia personalidad. Yo creo que el mérito de un DJ consiste en hacer bailar a la gente con cosas que no conocen». Eloy, cuando se enfunda el traje de Caradeniño lo logra y su clientela fiel está encantada de la vida. Aunque, bueno, siempre hay excepciones: «A veces alguno quiere reafirmarse contigo, pidiéndote cosas rarísimas a ver si te pilla en un renuncio. Eso es algo muy típico del indie, donde hay mucho esnobismo musical».