La rectoral de esta parroquia de Bergondo presenta goteras y suelos derruidos desde los temporales del último año
09 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En la casa del párroco de Guísamo no hay timbre para avisar a su único inquilino, don José García Verdía. Pero la puerta principal aún conserva una aldaba con la que se puede reclamar al veterano cura de 82 años. Este acude al oír los golpes en su puerta verde. En su mano izquierda agarra un libro de gramática inglesa de 1967. Lleva múltiples capas de ropa, entre ellas, tres camisas gruesas abotonadas hasta el cuello. El toque juvenil que le proporcionan los pantalones vaqueros contrasta con la boina. En casa no hay calefacción. «Nunca tuve; ahora llevo mucha ropa porque estoy recuperándome de un catarro, pero calefacción no quiero», espeta.
Algunos de sus parroquianos se reconocen alarmados por el estado exterior de la casa rectoral, del siglo XVI. Rara es la ventana con los cristales íntegros y el encalado pide a gritos una mano de pintura. Pero lo peor está dentro. «Llueve en gran parte de la casa», reconoce el sacerdote, más preocupado por sus libros que por su propio bienestar doméstico. «Tengo una biblioteca inmensa y es una pena que se pierda, se invirtieron muchos miles de pesetas en libros», reconoce. Así, en una de las estancias se acumulan decenas de tomos cubiertos por un plástico. En el patio interior, se ven varias chapas que sostienen a duras penas la segunda planta. El cura informa de que el metal lleva allí una docena de años. Los recebos están caídos y numerosas tejas descolocadas. De nuevo en el interior, el suelo se hunde con una leve pisada y la humedad coloniza las paredes. En días de lluvia se adivina una sinfonía de goteras sobre los múltiples cubos y palanganas del suelo. Así vive el cura párroco de Guísamo.
-¿No se ha puesto en contacto con el Arzobispado?
-Aún no porque seguimos bajo el mal tiempo, poco íbamos a arreglar.
Asegura que la casa está así desde el Klaus y los últimos temporales. El estado ruinoso de la rectoral contrasta con la situación de la iglesia de Guísamo, diáfana y limpia. «El público ayudó a arreglarla».