06 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.
Una de las grandes pasiones de Alfredo es la música: «Mi mujer y yo siempre fuimos muy festeiros, nunca nos perdimos una verbena», cuenta sonriente. Pero desde hace unos años es él el que se sube al escenario. Lo hace con la coral Adro, de Bribes, pueblo natal de su esposa. Una afición que le ha valido el apodo de el ruiseñor de Bribes. Ahora podrá dedicarle más tiempo al canto, aunque no cree que la vida le cambie demasiado con la jubilación: «Será igual, pero sin venir al parque. Ahora toca disfrutar de la vida, que trabajar, ya trabajé lo mío», asegura satisfecho.