La playa de Riazor también es un punto de encuentro para los bañistas en invierno. Ayer, sobre las once de la mañana, con 5 grados de temperatura en el aire y 14 en el agua, un grupo de valientes sexagenarios se desprende de sus ropas en el arenal coruñés para lucir bañador y zambullirse en el agua sin gestos estridentes.
Allí estaban Juan José, José Luis, Luci, Luis, Antonio, Moncho y el habitual Piñeiro, «que no se pierde un día», comentan sus compañeros de baño. «Esto es muy sano, es bueno para la circulación y además te vas a casa relajado y satisfecho», recomienda este grupo de bañistas, que afirma realizar esta especie de ritual naturista casi a diario, «salvo cuando el mar está muy picado o cuando llueve», comentan, «pero no porque llueva, sino porque no tenemos dónde guardar la ropa», se quejan con ironía.
Mientras se secan, uno de los bañistas sugiere que si «cobrasen por entrar aquí, seguro que se llenaría Riazor», además de asegurar que esta práctica es mucho más gratificante que ir a la piscina, por ejemplo, «donde cada vez tienes menos sitio para nadar», espeta. Para los bañistas, esta actividad «alimenta una buena relación entre nosotros, incluso tenemos dos comidas al año», afirman.
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