El compostelano barrio de Conxo acoge desde ayer un cruceiro de cinco metros de alto único en Galicia, obra de la escultora Soledad Penalta. La artista de Noia, que jamás había diseñado un elemento de ese tipo (aunque en su familia sí hay personas que se dedicaron a esa faceta), recibió el encargo de la asociación de vecinos del barrio y decidió asumir el reto con todas las consecuencias tras dialogar y familiarizarse con los cruceiros.
Los vecinos habían salvado una parte del antiguo cruceiro del barrio, una talla granítica con un Cristo y una Virgen, y el desafío artístico de Penalta ha sido conjugar la tradición (representada por la talla) y el vanguardismo a través de un fuste y un capitel metálicos sobre una basa también metálica, concretamente de acero cortén, que en cuatro o cinco días adquirirá la pátina del óxido. Aparte del metal, la singularidad del nuevo cruceiro es que hacia las alturas se yerguen dos estructuras con dos cruces, creando una tipología hasta cierto punto revolucionaria e inexistente en otros puntos de la comunidad autónoma.
Los capiteles están conformados por una serie de figuritas metálicas abstractas que, según Soledad Penalta, representan «os testemuñas» de la existencia del cruceiro desde que se erigió en el barrio a finales del siglo XVII. El nuevo monumento es de los siglos XVII-XXI. Otro elemento peculiar es la permeabilidad de la base. Soledad eliminó las escaleras y transparentó toda la estructura sobre la que se asienta el cruceiro. ¿Cómo acogerá el barrio su nuevo símbolo? «Este é un cruceiro único, non hai outro como él. A xente de Conxo é moderna, cunha sensibilidade artística madura e saberá apreciar esta obra», dice el presidente vecinal, Luis Matos, que destacó la colaboración municipal en el proceso de reubicación del cruceiro, convertido ya en punto de referencia en el barrio. Matos recordó que el tradicional cruceiro de Conxo había desaparecido «a consecuencia da voracidade inmobiliaria e a desidia xeral, pero da desfeita salvouse a peza principal, conservada con agarimo na horta do cura».