La lucha contra la droga en Penamoa no está cerrada a pesar de que el asentamiento chabolista tiene sus días contados y gran parte del poblado ha desaparecido tras las excavadoras. La policía continúa investigando la venta de droga en esa parte de la ciudad y el trabajo dio sus frutos. Tanto, que el pasado miércoles cayó otra de las familias que, supuestamente, se dedican al narcotráfico a pequeña escala. La operación, pese a que no puede catalogarse como un gran golpe -apenas se intervinieron 35 bolsitas de heroína y cocaína con un peso de 3,5 gramos-, sí supuso un paso más para la desaparición de la venta de estupefacientes en ese lugar.
El operativo comenzó hace semanas, cuando la policía puso sus ojos en una de las pocas chabolas que quedan en el poblado. Se sospechaba que la familia que allí residía se dedicaba al narcotráfico. Algunos de ellos ya tenían antecedentes por eso. Así que desplegaron a varios agentes por el poblado para seguir a los jóvenes toxicómanos que salían de ese chamizo. En cuanto uno lo abandonaba, un agente lo identificaba. Si llevaba encima droga, le pedía que informase de quién se la había vendido. Muchos de ellos no dudaron en señalar a los ahora detenidos.
Con toda esa información en su poder, el juez ordenó la entrada y registro de la chabola en cuestión. Y eso se hizo el pasado miércoles. Un gran despliegue alrededor de la chabola, con rapidez para evitar que sus moradores se deshicieran de la droga, tuvo un éxito total. Hubo una gran cantidad de agentes que participaron en el operativo. Siempre es así porque en muchos registros que se produjeron en Penamoa los agentes se encontraron con una fuerte resistencia por parte de los vendedores de droga. Esta vez, el comportamiento de los detenidos fue normal.
Finalmente, dos hombres, una mujer y un menor miembros de una misma familia de la comunidad gitana fueron los detenidos. En la operación, los agentes, aparte de incautarse de 3,5 gramos de estupefacientes, encontraron en el chamizo dos escopetas y munición para las mismas.
Después de la detención, los detenidos fueron puestos a disposición judicial. Defendidos por el abogado Ramón Sierra, solo uno de ellos ingresó en prisión como imputado por un delito contra la salud pública.