Manuela Varela y su familia llevan una semana viviendo fuera de su domicilio, desde que un gran arácnido que ahora nadie encuentra entró en su casa
05 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Desde el sábado pasado no ha vuelto a dormir, «porque cada vez que cierro los ojos solo veo arañas por todas partes». Manuela Varela Rodríguez parece la protagonista de una película de terror que es atacada por un gran arácnido al que no consigue matar.
Todo comenzó el sábado pasado cuando, antes de ponerse a dormir y como hace habitualmente, se entretuvo leyendo un rato en la cama. «Al girarme para apagar la luz y dejar el libro en la mesilla vi una araña enorme en el techo. Era tremenda, sus patas eran tan grandes como mis dedos. Pegué un brinco y fui a coger una escoba para matarla, pero pensé que era mejor coger una fregona», recuerda.
Esta vecina del barrio de Labañou creyó que esta arma sería suficiente para acabar con el insecto, pero se equivocaba. Nada más tocarle con la fregona, la araña cayó sobre la cama -que en esos momentos estaba abierta-, y se escondió entre las sábanas. Fue entonces cuando Manuela Varela cogió el libro que estaba leyendo, «y que era bastante gordo, y empecé a golpear toda la cama. Pensé que la había matado, porque la araña se envolvió formando una especie de huevo. Pensando que estaba muerta, fui a buscar un trozo de papel para recogerla, pero cuando volví a por ella, vi como se escapaba por detrás de la cama».
Asustada, la mujer decidió entonces salir de su habitación, cerrar la puerta, y encerrarse en otro dormitorio. «No dormí nada en toda la noche, pero como era bastante tarde, no se me ocurría a quién llamar. El domingo cogí a mi hijo y le dije que nos íbamos a casa del abuelo, que yo no volvía allí hasta que la mataran». Manuela Varela inició entonces un largo proceso para conseguir que alguien la ayudara a deshacerse del indeseado animal. Primero llamó al 112, que la remitió a la Guardia Civil, y estos a su vez a la Policía Local, que envió tres patrullas a revisar la casa sin ningún éxito. «Me dijeron que la araña podía haberse marchado a cualquier parte de la casa, y que incluso había podido dejar huevos», recordó
Finalmente, la única alternativa que le dieron fue que llamara a una empresa fumigadora, a la que tendría que pagar ella sus servicios, y cuyo coste podría rondar los 6.000 euros. «Yo no sé para qué pagamos impuestos, porque no sirven para nada. La araña no es mía, y tengo que pagar por matarla. Menos mal que tengo otro sitio donde vivir, si no tendríamos que estar en un hotel», confesaba indignada Manuela Varela.