Comerciantes de la calle Sargento Provisional se quejan por la falta de zonas de carga y descarga

La Voz

A CORUÑA CIUDAD

Las obras del Plan E en la calle Sargento Provisional no han caído bien a buena parte de los comerciantes. En su opinión, el diseño elegido perjudica el desarrollo de su actividad, sobre todo al no contar con una zona de carga y descarga para que los proveedores les puedan servir la mercancía que necesitan para sus locales. Así se lo han hecho saber al Ayuntamiento, donde no solo han comentado el problema, sino que han dejado constancia por escrito. Incluso han hablado con la empresa que realiza las obras de mejora de la calle, pero «parece que no podemos ni protestar, porque esto es absolutamente legal», lamenta Juan José Rodríguez.

En su caso, regenta uno de los locales con mayor movimiento de mercancías, muchas de peso, Comercial Coruña. Además, su familia cuenta con otros dos establecimientos de hostelería en la zona, el café Rodríguez y el Mundial 82. En todos los casos, la falta de zonas de carga específicas les entorpece el trabajo. «Aquí es horrible, esto fue como una invasión de ovnis: entran, anchean las aceras que es una barbaridad, porque esto tampoco es la calle Real, nos dejan las calles estrechas y nosotros andamos a la carrera, porque los proveedores no pueden ni parar para dejar un bulto». Con un coste «importante en tiempo y dinero», ha optado por ir a buscar él mismo la mercancía que necesita a los diferentes polígonos, moviendo sus furgonetas. Critica también el coste de las obras y se queja de que con actuaciones de este tipo «solo están consiguiendo que el pequeño comercio se vaya de los barrios; en el Ayuntamiento parece que solo les importan los centros comerciales, pero yo no quiero irme de aquí».

«A mí me han fastidiado bastante -se queja también Sara Iglesias, de la Bodega Berciana- nos han dejado la calle muy estrecha y para la descarga está fatal, no tienen donde parar y yo que necesito que me traigan barriles grandes, imagínate...».

Idénticas objeciones pone Alicia López, de floristería Calo, que, de hecho «desde que empezaron las obras cerré el local». Lo delicado de su mercancía dificulta aún más el trabajo de los proveedores, dado que «nos han dejado solo un carril, delante no pueden parar y que me digan a mí como van a traer los cubos desde la otra calle, ¿en un carretillo?».