El apóstol del rock bajó del cielo para ver a sus «peregrinos»

A CORUÑA

Impresionante el peregrinaje de miles de personas hacia el Monte do Gozo desde Santiago
Impresionante el peregrinaje de miles de personas hacia el Monte do Gozo desde Santiago Álvaro Ballesteros

Springsteen y su banda aterrizaron en Lavacolla dos horas después de lo esperado

03 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El de Nueva Jersey se hizo esperar, pero llegó a tiempo. Un puñado escaso de fans lo esperaban en la terminal de Lavacolla desde poco después de las tres de la tarde. Pero el tren de aterrizaje del Airbus 319 de su propiedad, procedente de Valladolid, tocó la pista del aeropuerto compostelano exactamente a las 18.15, después de filtrarse que el vuelo tenía prevista la llegada para las 17.30.

Tanto la organización del concierto como la Policía Local compostelana, que se ocupó de escoltar a la estrella y a los suyos, jugaron un poco al gato y al ratón con la prensa y con los curiosos; de hecho, se llegó a asegurar que el Boss saldría por la terminal de carga, como un paquete de lujo. Finalmente, no fue así, y la aeronave se quedó en la zona que separa las zonas civil y militar del aeropuerto santiagués.

A pie de pista aguardaba una comitiva de monovolúmenes negros para su banda y un Mercedes con matrícula de A Coruña para el Jefe. Bruce saludó discreto desde la escalerilla, se sentó en el asiento del copiloto y no le puso peros a que el personal que se encontraba dentro del recinto se hiciese alguna foto con él.

Después, con dos coches de la Policía Local abriéndole paso, Bruce Springsteen y la E Street Band emprendieron un corto pero veloz viaje hasta el recinto del Monte do Gozo, dejando con un palmo de narices a los fans que montaban guardia en la entrada del Hotel Puerta del Camino. Tuvo la deferencia de hacer con los dedos el signo de la victoria a las cinco personas, uno en bicicleta, que se apostaron para verlo en un ceda el paso del aeropuerto.

La llegada del Jefe transformó Santiago. Aunque los fans más fieles llevaban varios días en la ciudad, algunos desde el jueves, hacia el mediodía del domingo las zona norte de la capital de Galicia empezó a convertirse en un hormiguero.

Tal como se preveía, las zonas habilitadas para aparcar en las inmediaciones del estadio de San Lázaro se saturaron pronto. Muchos optaron por dejar sus vehículos en los arcenes de la vieja carretera del aeropuerto y en cualquier finca o badén que pudiese hacer las veces de párking. Cargados con neveras de playa, bocadillos, cajas de cerveza y mucha moral, sobre las siete de la tarde ríos de gente caminaban desde el centro de la ciudad en sentido inverso al que lo haría cualquier peregrino; esta vez, el Apóstol del rock mandaba.