Al poco de abrir, la discoteca Pachá apuntó hacia el público adolescente con una sesión de tarde. Su éxito fue arrollador, superior incluso al de la noche. Uno de los primeros en hacerse cargo de esa sesión fue Ignacio Cobián, que trabajaría para la discoteca entre 1987 y 1990. Entró con 17 años: «Me presentaron a los dueños y no sé, debieron verme simpático o así que me ficharon. Me hicieron una tarjeta de relaciones públicas. Eso era muy importante porque Pachá era una marca muy conocida».
Uno de los problemas era la ubicación. ¿Cómo ir del centro de la ciudad a las Jubias? «Surgió la idea del Pachabús, sobre todo para la vuelta -detalla Cobián-. Aunque alguna vez se montó follón dentro y tuvimos que meter seguridad».
Para la ida, el ritual mandaba tomar un taxi en la plaza de Orense, tras quedar previamente en la Federico Tapia, bien en Agarimo, La Silla Eléctrica o El Toro, él único de todos que permanece abierto en la actualidad. Todo se desbordaba en fin de año: «Para un chaval entonces eso era lo máximo. Otra fecha muy importante era la noche de Reyes.