En el corazón pétreo de Betanzos se alza una joyería en la que el joven Marcos está a punto de recibir el testigo de un gran orfebre, su padre
12 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El palo de esta historia se llama Daniel. La astilla, Marcos. Ambos trabajan codo con codo en una tienda de joyería de Betanzos. Ambos realizan prácticamente las mismas labores. Pero ambos desembocaron a ellas desde caminos diferentes. El primer vínculo de Daniel con las joyas fue una escoba con la que barría un taller de orfebrería de A Coruña a la edad de 16 años. Era el mozo de los recados, pero pronto comenzó a implicarse en las labores propias del negocio en el que trabajaba. «Empecei a limar, a soldar e pouco a pouco fun practicando e aprendendo», relata este hombre menudo, natural de la parroquia bergondesa de Babío. En A Coruña aprendió en tres talleres de joyería, pero su verdadera universidad la desarrolló en Bergondo, lugar de referencia en el mundo de la orfebrería. «Tiñamos un xefe, Pérez Lorenzo, apodado Ferreiriño, que era o Picasso dos xoieiros, do seu taller saímos todos os orfebres da zona», recuerda Daniel.
Quince años después montó su propio taller de joyería y posteriormente, en 1988, nació la tienda Joyería Daniel, ubicada en la entrada al casco histórico de Betanzos. La calle, no podía ser otra, rúa Prateiros. Pero el local estuvo a punto de nacer como librería o administración de loterías hasta que los hijos hicieron una pregunta apelando al sentido común: «¿No sería mejor dedicarlo a lo que ya sabemos?».
Y aquí recuperamos a la astilla, Marcos, quien comenzó con un aprendizaje visual en la tienda y en el taller de su padre. «Mi hermano y yo mamamos las joyas desde pequeños», dice este betanceiro de 34 años. En el caso de Marcos ni los estudios iniciados de Económicas ni los concluidos de Turismo pudieron apartarlo del negocio familiar. Lleva doce años atendiendo al público y cada vez incrementa más las horas en el taller. «É moito mellor ca min cos reloxos e gravando», asegura el padre. Las manos de ambos informan de que Daniel ha pasado muchas más horas en el taller que su hijo. «Cada vez faise menos xoiería a man. Antes nós traballabamos como os romanos e agora case todo vai con cera de modelar e ordenador. Hoxe non se pode competir facendo xoias a man», dice el progenitor.
Le preguntamos a Daniel en qué debe mejorar Marcos. «En nada -espeta-, ten máis don de xentes de cara ao publico ca min, e no resto ten que seguir o seu ritmo, non debe saltarse ningún paso». «Mi padre siempre me dijo que no debía tomar atajos en la vida», confirma Marcos, quien asegura haber heredado de su padre-jefe «la constancia y el trabajo bien hecho». «Somos muy escrupulosos», añade.
Toca hablar de la crisis, algo especialmente delicado para un negocio que no se dedica te a bienes de primera y urgente necesidad. «Pasei varias crises, pero penso que esta é a peor porque ten moito de psicolóxica. Vemos que vai moita xente ao paro, e así, claro, o que ten catro perras non as vai gastar en xoias?», razona Daniel, quien no perdona un paso diario por su huerta de Bergondo y sus canarios. «Llegó a tener más de cien -recuerda el hijo-, y es el socio número 1 de la Sociedad Canaricultura de A Coruña». Marcos, que tiene un hermano y una hermana, opta por el fútbol a través de su hijo de diez años. «Disfruto viéndolo con el balón». En eso coinciden Marcos y Daniel: «La familia es nuestra principal joya».