Vecinos de Camino del Pinar denunciaron que grupos de jóvenes se hicieron dueños de los inmuebles abandonados
05 feb 2009 . Actualizado a las 11:15 h.El Servicio de Disciplina Urbanística obliga a los dueños a adecentar las viviendas; los propietarios, «con mucho esfuerzo», arreglan sus viejas casas, y a los pocos días amanecen destrozadas a manos de toxicómanos y amantes del botellón. Y vuelta a empezar. De nuevo, el Ayuntamiento regresa a la zona, ve la desfeita y vuelve a emplazar a los titulares de los inmuebles a que restauren los daños bajo amenaza de declarar la vivienda en ruina.
Esto que cuenta un grupo de vecinos ocurre en la calle Camino del Pinar, una vía de apenas cien metros que corre paralela a la avenida de Peruleiro y cuyas casas de dos plantas van para el siglo de vida. Algunas están ocupadas y otras no. El problema es que las vacías no siempre lo están. Los fines de semana sirven de «centro social para drogadictos y para los del botellón», cuenta uno de los propietarios afectados. Y como vivir o ser dueño de una casa en Camino del Pinar se ha vuelto una faena, algunos de los residentes se han presentado en el juzgado de guardia para poner una denuncia en la que emplazan al Ayuntamiento «a que actúe con tanta premura y displicencia contra los vándalos, drogadictos y botelloneros como lo hace contra nosotros, cuando nos obliga a tener las casas impolutas».
Hay algo que escama a los vecinos. El hecho de que el suelo en el que se levantan sus viviendas sea un bombón para el paladar inmobiliario les hace pensar mal. Sospechan que intereses urbanísticos han puesto los ojos en su calle, en una zona a tiro de piedra del estadio, enclavada en los márgenes del futuro parque del Agra. En los últimos años les han hecho llegar ofertas «irrisorias». Pero advierten que si los quieren echar, «sudarán».
Ocupas
Por el momento, sus quejas van dirigidas principalmente hacia la degeneración que padece su calle desde que grupos de jóvenes han hecho de la vía un lugar para disfrutar del botellón. Peor que eso es que algunos toxicómanos rompen los barrotes de las casas deshabitadas para acceder a su interior. Prueba de ello son los utensilios utilizados para el consumo, que aparecen esparcidos por las casas vacías. Algo por lo que también sienten temor es por la amenaza de los ocupas. Ya en alguna ocasión, algunos de esos inmuebles acogieron a inquilinos «nada recomendables, que para echarlos hubo que ir a los juzgados y esperar meses».
En la denuncia presentada hace dos semanas, los vecinos exigen que la policía actúe y vigile la zona para evitar «la destrucción» de sus viviendas, aparte de ganar en tranquilidad. No hace ni un mes, una vecina que llamó la atención a unos jóvenes tuvo que correr hacia su casa y cerrar la puerta, contra la que luego orinaron.