Una «acera» con mucho tráfico

A CORUÑA

Una obra en la ronda de Outeiro, en el tramo de la ciudad que más atropellos registra, obliga al peatón a ir por la calzada

29 ene 2009 . Actualizado a las 11:08 h.

Hay un tramo de cien metros en la ronda de Outeiro por el que el viandante más que pasear, circula. Lo hace por un carril atestado de coches a todas horas. La culpa la tiene una valla instalada hace tres días, que hizo desaparecer la acera, hoy para uso y disfrute de una obra, la de dos edificios a la altura del número 170, el tramo de la ciudad donde más atropellos se registran. Fue ahí donde murieron tres personas arrolladas en los últimos ocho años.

El peligro se halla en las inmediaciones de la caótica y transitada confluencia entre la ronda de Outeiro y la avenida de Arteijo, a pocos metros de un colegio y una parada de bus. Desde el lunes, cientos de personas se juegan la vida. Turismos, camiones o autobuses pasan planchándoles el abrigo. «Hasta que haya una desgracia», lamenta Ana Rodríguez, vecina de la zona.

Cierto es que un cartel a ambos lados de la valla advierte del peligro: «Paso cortado, prohibido pasar». Pero casi nadie hace caso. Ni lo miran «porque es una tomadura de pelo. No se puede cortar una acera y obligarte a dar un largo rodeo y esperar tres semáforos para cruzar», dice Antonio Lema, residente en el 168 de la ronda de Outeiro.

La proximidad de un centro escolar y una parada de bus conlleva que por ese peligroso tramo caminen muchas madres y padres con sus hijos. Hay vecinos que quieren aportar soluciones. «Si la construcción de esos edificios necesita el espacio de la acera, lo que deberían hacer es eliminar un carril de circulación y poner una segunda valla entre la obra y la vía para que puedan pasar los peatones», sostiene Álvaro Villar, hostelero de la zona. Un cliente, no muy conforme con la propuesta, introduce un matiz: «Si ya es un caos el tráfico con tres carriles de bajada, imagínate las que se formarían si le quitamos uno». Entonces, ¿qué hacemos? «Lo más importante es la seguridad, mucho más que el tráfico; así que el Ayuntamiento deberá obligar a los de la obra a mover la valla al menos un metro para que exista un mínimo espacio entre los coches y los peatones», defendió otro.

El debate se calienta. Sobre todo cuando alguien añade un nuevo problema: el aparcamiento. «Si ya no había estacionamientos en la zona, ahora que la valla hizo desaparecer unas treinta plazas, ya me dirás».