A Coruña, en pie de guerra

A CORUÑA

Los Cantones vivieron 200 años después una ruidosa recreación del enfrentamiento entre el ejército napoleónico y el hispano-británico de John Moore

19 ene 2009 . Actualizado a las 13:22 h.

El general Moore y el mariscal Soult volvieron a verse las caras. Fue un duelo incruento, pero suavizado con munición de fogueo y con los uniformes de las asociaciones napoleónicas de Francia, Reino Unido y España. En pie de guerra, aunque sea virtual, la recreación de aquel épico enfrentamiento reunió a casi un millar de personas en los Cantones, que no perdieron detalle del teatro bélico de los miembros de las asociaciones napoleónicas.

Olor a pólvora, potentes deflagraciones que asustaban a los más pequeños y a los estorninos, a los que no se les espera por los Cantones en años. También se disfrutó del variado colorido de los uniformes de los soldados que participaron, que mantuvieron atento al público que quería ser testigo del encuentro bélico-festivo de las tropas inglesas, españolas y las milicias gallegas con las napoleónicas. Mientras, un grupo de gaiteiros aportaba la particular banda sonora.

Se recordaba lo sucedido en 1809, cuando las tropas dirigidas por el mariscal francés Soult se enfrentaron en Elviña con las del británico sir John Moore, que huían perseguidas por los invasores napoleónicos. El escocés dio su vida en el campo de batalla, y A Coruña le honra por ello. La asociación histórico cultural The Royal Green Jackets le ha rendido tributo en numerosas ocasiones, pero la de este año es especial porque 200 es número redondo y su presidente, Manuel Arenas, se dejó el alma en ello. El alma y la voz, pues fue quien desde el palco de la música narró el transcurso de la batalla. Fue muy didáctico. Explicó la posición y cometidos de los granaderos, de la infantería, los distintos tipos de armas utilizadas entonces, los movimientos de las tropas hasta alcanzar el cuerpo a cuerpo...

Gran estruendo

Y la gente atendía lo que podía. Porque el ruido ensordecedor de la pólvora que salía de los cañones, las pistolas y las escopetas obligaban al respetable a seguir la recreación con las manos en las orejas. No dolían las balas, pero dolían los oídos.

Pese a que los más de cien figurantes son gente de paz, se dejaron la piel en campo de batalla adoquinado de los Cantones. A un extremo, junto al palco de la música, las tropas francesas lideradas por el mariscal Soult. Al otro, las hispano-británicas y las milicias gallegas dirigidas por el general John Moore, que disfrutaba de sus últimos minutos en el mundo de los vivos.

Comenzaron los cañonazos. El público pedía en vano menos carga de pólvora. Era mucho el ruido, pero pocas las nueces. La camaradería entre las tropas se veía en el cuerpo a cuerpo. Escenificaban rabia, pero terminaban en abrazos. Si en algo se esforzaron ambos bandos fue en revivir los movimientos de los ejércitos de entonces. La artillería al fondo, la infantería adelante. Los flancos abiertos, los ataques, los repliegues... Todo era muy parecido a como ocurrió en 1809 en Elviña. Así entiende la recreación Arenas, que se desgasta en mostrar cómo se luchaba entonces, con qué uniformes, armas y estrategias. La gente que asistió a los Cantones lo pudo aprender y disfrutar.