Los galpones, el alzhéimer y Pablo Ruiz Picasso

A CORUÑA

Si Pablo Ruiz Picasso estuviera vivo, probablemente no recordaría que entre los años 1891 y 1894 estudió en el instituto Eusebio da Guarda de A Coruña. El padre del cubismo tendría hoy 127 años recién cumplidos. A esta edad, es normal que la memoria falle.

Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Mártir Patricio Ruiz Picasso no recordaría hoy ni su propio nombre y quizás estuviera ingresado en un centro para el cuidado de enfermos de alzhéimer, que no sería el de A Coruña, porque en A Coruña solo hay un centro terapéutico para tratar el alzhéimer con 80 plazas, una lista de espera interminable y apenas 300 metros cuadrados de superficie.

El otro centro, el no nato centro de alzhéimer coruñés, cuya primera piedra -de haberse colocado cuando se dijo que se colocaría, y va para tres años-, es hoy una piedra virtual cubierta de musgo, hongos y líquenes, en una parcela del barrio de Eirís. Ha caído en el olvido.

¿Quién es más culpable, el que sabe y calla, el que sabía y olvida o el que no sabe? Precisamente en esas andan los concejales que, en mayo del 2007, elegimos en las urnas, no sé si recuerdan, para, entre otras cosas, dotar a la ciudad de un nuevo centro de alzhéimer. Pero la aparición -así le deberíamos llamar en sentido estricto, pues es como si hubiesen llegado repentinamente a bordo de naves alienígenas- de galpones para estudiantes en el campus coruñés ha relegado a la nota breve al centro de alzhéimer. Otra vez nos hemos olvidado de él. Al mismo tiempo, el debate sobre quién no sabía y quién sabía de la existencia de estos galpones nos está haciendo olvidar los mismísimos galpones ilegales en los que estudiantes universitarios viven sin recibos, pagando religiosamente a caseros que en muchos casos defraudan a Hacienda, porque quien comete un acto ilegal no va a ser tan burro como para contarlo en la declaración de la Renta. Es posible que muchos supiesen o que, como dice la concejala de Urbanismo, Mar Barcón, algunos se hayan apuntado al carro del saber para quedar bien. Lo que sin duda todos sabemos es que tanto el PSOE y el BNG, como el PP, han desempeñado a lo largo de los últimos 25 años labores de gobierno y de oposición en el Ayuntamiento, en la Xunta y en la Diputación, donde se supone que se aprenden, y se saben, muchas cosas. El saber no ocupa lugar. El no saber, ya se sabe, ocupa algunos metros cuadrados al lado de chalés en A Zapateira.

A Pablo Ruiz Picasso, estos olvidos o no saberes, e incluso el olvido en que el que está cayendo el centro de alzhéimer, ni le va ni le viene, porque está muerto. Sí les afecta, y mucho, a las 5.000 personas que en A Coruña y su comarca sufren la enfermedad.

La desmemoria sobre el futuro, o no futuro, centro de alzhéimer -con 4.000 metros cuadrados de superficie y espacio para la atención terapéutica, la formación, la investigación...- roza el surrealismo al que, en los primeros años del siglo XX, se asomó Picasso, el niño que en 1891 se matriculó en el instituto Eusebio da Guarda, otro ejemplo de cómo ya no el surrealismo, sino el cubismo, se ha instalado en nuestras vidas y en la de los que nos las gobiernan.

En el caso del centro escolar, hemos asistido en dos años a su despresupuestación, una palabra que no existe, pero que es necesario crear para definir de la mejor manera lo que ha pasado. La imprescindible reforma del centro cuesta tres millones; en el 2008 la Xunta consignó un millón de euros (no gastados) y en el 2009, 300.000. Nada se sabe sobre el inicio de las obras. Un caso, más que surrealista, picassiano. El instituto en el que estudió el genio ha caído en un olvido igual de extraño y, en cierto modo, casi tan doloroso como el olvido en el que hemos instalado a nuestros enfermos de alzhéimer, entre los que hoy quién sabe si se encontraría Pablo Ruiz Picasso, el niño que estudió en lo que es hoy el Eusebio da Guarda que, se sepa o no se sepa, se está transformando a marchas forzadas en la madre de todos los galpones.