Las rentas que pagan muchos estudiantes completan el salario de los arrendatarios
05 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El cierre que rodea la vivienda de Matilde, una vecina de la zona de A Zapateira, en A Coruña, tiene dos entradas. Una verja grande y una puerta en la que confluye un pequeño sendero empedrado que conduce a la entrada de varias pequeñas viviendas que se levantan en un lateral del jardín. Son apartamentos que alquila a cualquiera que esté interesado. «Non teño estudiantes, pero teño un inquilino que leva aquí uns dezaseis anos», explica. Esta pensionista, que cobra 500 euros al mes, reconoce que tiene que poner un paso que una el bloque de apartamentos con la casa principal para «podelos legalizar». Pese a ello quiere dejar claro que «se non fóra por eses alugueres, morría de fame». La mensualidad que sus inquilinos tienen que abonar por cada uno de ellos asciende a 150 euros al mes, una cantidad con la que reúne otros 500 euros.
Esta vecina de A Zapateira habla a través de la verja. Lo único que se ve desde allí son las paredes blancas de las viviendas repartidas en un gran bloque rectangular. En otra área de la misma zona coruñesa se observa a través de la ventana el interior de una cocina de otra de las viviendas que alquilan en torno al campus. El exterior está en obras, el interior es modesto, aunque la imagen no es suficiente para determinar su entrada en el grupo de más de un centenar de infraviviendas identificadas por el estudio realizado por la Escuela de Arquitectura de la Universidade da Coruña (UDC).
Hay estudiantes que conocen bien ese tipo de habitaciones. Roberto, un alumno de Económicas, vivió en una de ellas. Pero en el 2002. «Las paredes -cuenta- estaban hechas con bloques de hormigón y pintadas por encima con pintura blanca». A este joven no le quedó más remedio que alquilar esta vivienda «porque llegué muy tarde al inicio de curso». Por ella pagaba noventa euros, «pero el espacio que tenía era minúsculo y había mucha humedad», explica. «Estaba la cama, una especie de cocina y un cuarto de baño», añade.
Otro de los que vio hace años como eran esos minúsculos habitáculos es Carlos Brozos, un joven que ahora vive con otros compañeros en un bonito chalé en A Zapateira y que reconoce haber tenido mucha suerte. «Llegué a ver un apartamento que tenía la cama, una ducha y una mesa de estudio y un trozo de mármol en el que poner un fogón para cocinar», recuerda. Pero ahora vive, al igual que sus compañeros Luis Fernández y Pedro J. Martínez, en una habitación ubicada en un chalé de la zona. En la misma planta hay varias habitaciones más, una sala de estar y una amplia cocina común. Los jóvenes pueden disfrutar del jardín en el que hay árboles frutales. Para otro de estos estudiantes, Pedro, la habitación que ahora tiene legalmente alquilada en la zona, con contrato en regla, es el mejor lugar en el que ha vivido en los años que lleva en A Coruña. «He pasado por residencias de estudiantes y por pisos en el centro y, desde luego, esta es la mejor opción», comenta.
«Estuve un año viviendo en una residencia y pagaba 480 euros al mes con pensión completa, pero tenía horarios y la comida era... Era muy caro. Luego, cuando compartía piso en el centro de la ciudad abonaba unos doscientos euros. Ahora, lo que pago son 130 euros más gastos, pero porque mi habitación es muy grande. Hay otros compañeros que pagan menos», explica.
Ellos no son los únicos que viven alquilados con contrato. Luis Orgeira, por ejemplo, arrienda apartamentos y pisos con contrato a varios inquilinos. «Ahora, comenta, no tengo estudiantes, pero los tuve».