Un betanceiro participó en el equipo de traducción de la segunda parte de «Los pilares de la Tierra»
A CORUÑA
La iglesia de Santiago, en la Ciudad Vieja, es uno de los mejores lugares que se puede encontrar en A Coruña para hablar de Un mundo sin fin, la segunda parte de Los pilares de la Tierra. Si el lugar elegido es bueno, el interlocutor no puede ser mejor. Se trata de Roberto Falcó, miembro de Anuvela, el equipo de traductores que se encargó de pasar al español el original de la novela de Ken Follett. Fue un trabajo contrarreloj y en el más riguroso secreto: «Eran 1.500 páginas que la editorial nos pasó en un archivo de Word. Nadie sabía que la obra se iba a publicar».
Falcó es hijo de una betanceira. Él se siente uno más: «Siempre he veraneado en Betanzos». Su madre emigró de muy joven a Londres y allí conoció a su futuro marido, un catalán que la trajo de vuelta a España, pero con dirección a Barcelona. «Gracias a mi padre aprendí inglés desde muy pequeñito». Tras varios años trabajando en solitario se unió a Anuvela, una empresa que crearon seis compañeras de universidad: «La palabra está formada con la primera letra de los nombres de mis compañeras. Mi nombre no aparece porque llegué de último. Ellas bromean diciendo que la R del copyright es mi inicial». ¿Por lo que los derechos de autor de la traducción son para usted? «Me temo que no», responde.
Desde luego, habría sido un buen negocio, porque Un mundo sin fin fue el pelotazo editorial de la últimas Navidades y hace pocos días se anunció que ya ha vendido millón y medio de ejemplares. Lo dicho, no habría sido mal negocio, pero, para Falcó, «saber que estás traduciendo una obra que leerán millones de personas es una gran responsabilidad». De hecho, muchos se han puesto en contacto con él para felicitarlo por el trabajo, pero también para hacer críticas: «Los lectores de Follett analizan hasta el último detalle».
Una mala traducción puede estropear un buen libro, pero ¿un buen traductor puede mejorar un mal libro? «Sí, aunque no ha sido el caso», dice riendo. Cuando se le pregunta si sus hábitos de lectura incluyen los superventas explica que «mucha gente critica las obras de Follett, pero, si tanta gente las ha leído, algo tienen que tener». «No se qué es, pero me gustaría saberlo para poder escribirlas yo mismo», dice.