«Yo amo a la vida, pero según que circunstancias». Esta frase la pronunció Mercedes Dopazo cuando se encontraba en la fase terminal de su enfermedad. Padecía una enfermedad para la que no existe tratamiento, tenía esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Una dolencia degenerativa de tipo neuromuscular. El 31 de enero del 2002 esas circunstancias se hicieron «insostenibles» y murió rodeada de su familia: «Yo tengo un marido, nietos, hermanos, e hijos que me quieren. No es por falta de cariño. Me gusta la vida, pero hasta que yo diga». Así afrontó sus últimos días de vida esta coruñesa.
Ayer, todas esas personas que la querían y que sufrieron con ella le ofrecieron un homenaje. Ellos estaban allí, pero Mercedes también. Antes de dar la palabra a los invitados al acto habló ella a través de un vídeo. Un documental grabado durante sus últimos meses de vida enmudeció a todos. La propia Mercedes explicó su deterioro físico paulatino, su dolor e impotencia por no poder disfrutar ya de una vida que amaba. No pedía mucho, simplemente poder seguir pintando sus cuadros y dar cada día, en su silla de ruedas, un pequeño paseo por el parque. Llegó un momento en el que hasta eso le resultó imposible. «Hoy mismo sería feliz poniendo termino a este sufrimiento. Ya no tengo miedo a morir». Trece días después los médicos le aplicaron una sedación terminal. Sus cenizas fueron esparcidas en el mar porque «de ahí salimos todos». Fin del documental.
Este fue el momento en el que tomaron la palabra los invitados. Era difícil, la imagen y la voz de Mercedes permanecía en la mente de todos aún apagada la pantalla. Primero Ascensión Cambrón, profesora de Filosofía del Derecho en la Universidade da Coruña, exigió un debate social sobre la eutanasia. Después fue el turno de la doctora Begoña Aldámiz, de la unidad de hospitalización a domicilio del Juan Canalejo, que defendió que los cuidados paliativos funcionan en el 98% de los casos. El debate comenzó.