La explosión en una fragata en la que murió un cambrés estuvo precedida de señales de alarma
FERROL CIUDAD
La explosión de una caldera de la fragata Extremadura , la madrugada del 19 de diciembre del 2005 en Ferrol, que costó la vista a un cabo y a un marinero de Cambre, estuvo precedida de inequívocas señales de alarma. Así lo han declarado varios tripulantes en la causa que sigue el Juzgado Militar Territorial número 41, con sede en A Coruña, sobre este suceso.
Así, el cabo primero Jorge Miguel G.?C. declaró que otro cabo que se encontraba en el laboratorio del buque le había indicado que los niveles de contaminación por cloro en la cámara de máquinas eran entre los niveles 11 y 12 y precisa que «lo ordenado es apagar calderas cuando el nivel llega a sobrepasar 1,60».
El también cabo I. R. llegó a declarar en la causa que, de acuerdo con su experiencia profesional, el máximo nivel de contaminación que ha llegado a ver es de 3 y que, en todo caso, en otras ocasiones y con otros mandos siempre se procedía a extraccionar (el agua de la caldera) y si con ello no era suficiente se procedía al apagado».
Pero había un problema porque el nivel de agua estaba en 29.400 litros y solo se aconseja realizar esta operación cuando se encuentra por encima de los 30.000.
Ello era una muestra, no obstante, de que la caldera estaba perdiendo agua, la caldera consumía más de la que producían sus generadores de vapor. Era un claro indicio de fuga y, consiguientemente, de que podría haber una fisura en alguna de las conducciones. Las primeras señales de que algo raro ocurría se registraron sobre las siete de la tarde, siempre en los análisis de cloro, pero en la caldera de proa y no en la de popa, que fue la que explotó. Sin embargo, a partir de entonces, las señales de peligro comenzaron a producirse en las dos calderas de la cámara de máquinas.
El cabo Pérez Castrillón, uno de los dos fallecidos, dijo a un compañero de la dotación poco antes de la tragedia que «sabía que las calderas estaban contaminadas pero no podía extraccionar (agua) porque el brigada no le había dado permiso ya que el agua en los tanques estaba en el límite de las 30 toneladas fijadas por el jefe de máquinas.