Chicos ebrios eluden el hospital para evitar que se informe de su estado a sus padres

A CORUÑA

El servicio de Urgencias del Hospital Juan Canalejo ha dado la voz de alarma sobre un nuevo fenómeno relacionado con el botellón y que han comenzado a detectar: los menores de edad con intoxicaciones etílicas severas están comenzando a eludir el paso por el hospital para evitar que, así, se enteren sus familias.

«Saben que en cuanto entran en el hospital, si son menores de edad, avisamos a la familia, por eso ahora los amigos ya no los traen hasta aquí, procuran resolver de otra manera», explica Carmen Pita, responsable del servicio, quien también alude a la importante labor que desarrolla, a pie de calle, el propio 061, o la actividad que por las noches llevan a cabo los PAC o puntos de atención continuada, tanto en la ciudad como en municipios cercanos, como Sada.

Los especialistas de Urgencias, que se manifiestan muy preocupados por el fenómeno del consumo abusivo de alcohol en el menor tiempo posible, han comenzado a ver los primeros casos de muchachos encontrados en la calle tirados y con hipotermias severas. El último, un chico de 15 años que fue recogido después de que un vecino lo viese inconsciente.

«A veces, la pandilla cuando ve que su amigo está muy mal, da el aviso y se va antes de que llegue la ambulancia», explica la responsable del servicio, quien señala que el problema es cuando no avisan o bien el grupo cree que no es tan grave, el muchacho se va solo y deambula hasta quedarse dormido en cualquier sitio a la intemperie. «Es muy grave, más de lo que se creen, de una hipotermia te puedes morir», advierte. Junto a la pérdida de temperatura, existe el riesgo de que se asfixien al aspirar sus propios vómitos.

Un coma al mes

Junto a las hipotermias, el fenómeno de las borracheras llega a veces a casos extremos y el centro continúa recibiendo una media de un coma al mes. Muy relevantes, aunque de un grado menor de severidad, son las intoxicaciones etílicas graves, comunes todos los fines de semana «a partir del jueves», explica. «No son muchos -indica Pita- salvo a principio de curso, coincidiendo con las fiestas de final de curso y en San Juan, que ya habilitamos una clínica con colchonetas para ellos». En el descenso del volumen tiene que ver la existencia de otros dispositivos de asistencia, ya que los servicios de ambulancias ya no trasladan al hospital a quienes están ebrios pero sólo necesitan tiempo para que se les pase, sino sólo a aquellos afectados casi inconscientes, es decir, que responden a estímulos dolorosos, respiran y poco más.