«En la entrada a ese aparcamiento en ocasiones hay dos coches, uno a cada lado; muchas veces uno es el mío, porque aquí no hay otro sitio donde dejarlo». Es la explicación de una trabajadora de uno de los locales de hostelería de Matogrande. A la una y media de la tarde, efectivamente, los vehículos que entran al párking subterráneo, privado, lo hacen flanqueados por dos coches estacionados a ambos lados de la vía de bajada. «Si los dueños de los locales viven aquí puede ser que tengan plaza de garaje, pero los que venimos a trabajar, la mayor parte de los días acabamos dejándolo en doble fila y estamos pendiente de que quede un sitio libre para aparcarlo bien», indica la empleada de otro local. Un poco más allá, en la misma calle Enrique Mariñas, un jugador de golf espera, con la bolsa de los palos sobre la acera, a que alguien venga a recogerlo.
Los vehículos del reparto pasan sorteando a los que están en doble fila y parándose donde pueden. «Lo que es increible es que en todo el barrio de Matogrande no hay ni una sola zona de carga y descarga», constata la empleada de una jamonería.
Multa incomprensible
Apunta asimismo que no sólo se da esta carencia de las zonas de descarga sino que a alguno de los proveedores del local le multaron por aparcar encima de la acera: «No es que estuviera tomando un café, sólo entró a dejar el pan y estando aquí hasta bromeamos con que acababan de llegar sus «amigos» de la Policía Local y resulta que cuando salió ya le habían puesto una multa». Considera que la acción no tiene sentido cuando hay numerosos locales de hostelería en el barrio que necesitan ser abastecidos y, por lo tanto, los camiones de reparto deberían disponer de algunos lugares de carga y descarga.