Unos 200 jóvenes rebajaron el volumen del jueves

La Voz

A CORUÑA

Un zigzag. Derecha. Dos chicos que parecen haber salido de un vídeo de Kaiser Chiefs llegan a la plaza de Azcárraga. Llevan una botella de Jack Daniels y vasos anchos de cristal. La imagen rompe los esquemas del supuesto cutrerío de los botellones calimocheros. Izquierda. En una de las escaleras de acceso, una pandilla de coquetas veinteañeras se sirven sus cubalibres de ron. Lo hacen con coca-cola light. El comportamiento es impecable: todo recogido, ningún griterío.

Está claro que lo de la plaza de Azcárraga es la antesala de parte del ambiente más acicalado de la ciudad. Al menos los viernes. Daniel R., un chico de 23 años, lleva en la plaza desde medianoche. Forma parte con su subgrupo de una concentración total de unas 150 personas y advierte que no se sumarán muchos más: «Hoy será tranquilo. Los viernes no suele venir mucha gente. Cuando esto se llena de verdad es los jueves y, sobre todo, los sábados».

Métodos disuasorios

En los locales de la plaza se ven caras de resignación. Los propietarios perciben que este botellón masivo les resta clientela y les genera molestias. Y toman sus medidas. En un pub de la zona te cuñan al consumir. Sólo si se tiene ese cuño se puede acceder al servicio. En otro, un chico sale cada cierto tiempo a la calle y echa un cubo de agua que desprende un fuerte olor. Lógico: lleva diluida lejía. Se supone que así disuade a los chicos de que extiendan sus botellas en sus cercanías.

Reporteros televisivos

A la una de la noche se llega a las 200 personas. Un cámara de televisión y un reportero graban un reportaje para el programa El buscador, de Tele 5. Su presencia genera revuelo. Los muchachos desean salir en la tele reivindicándose. El eterno discurso de los precios y la calidad de las copas se repite en todas las bocas. «Que cobren las copas a un precio normal y dejen de servir matarratas», comenta una chica al micro.

Entre los que se van y los que vienen, se mantiene el número de 200 personas constante. Eso sí, el alcohol ya ha hecho efecto y se demuestra en el ambiente. Los vasos y bolsas por los suelos. Se incrementa el barullo general y un grupo toma la insólita decisión de tararear a gritos el Seven Nation Army de los White Stripes. Poco después, lo de siempre: roturas de vidrios, aunque en esta ocasión parece que responden a caídas y tropezones.

A las tres se volatiliza la gente. En unos minutos se pueden ver los restos: una nueva remesa de basura. Otra más.