Padre e hijo trabajan codo con codo para sacar adelante una explotación la?ctea en Cores y salir airosos de la fuerte crisis que azota al sector
A Paco Veres le gusta la ganadería. Podría, como sus dos hermanos, haber estudiado cualquier carrera, pero, en cambio, prefirió regresar a su hogar en la pequeña aldea pontecesana de Cores para hacerse cargo de la granja familiar. «Mandáronme a Santiago con só seis anos e aos dez entrei no Seminario, onde estiven ata os 14, pero aquelo non era para min», cuenta. Por eso, con los 18 recién cumplidos se hizo responsable de una explotación lechera que hoy en día ocupa más de 16 hectáreas y en la que trabaja codo con codo con su hijo Rafael.
El joven, como su padre, también podía haber seguido pegado a los libros, pero cuando acabó su formación en la EFA Fonteboa de Coristanco, donde además de secundaria cursó Administración y Gestión de Empresas Agropecuarias, prefirió, después de estudiar un año Ingeniería Agrícola Industrial en Lugo, regresar al negocio familiar. «Gústame moito», confiesa justo después de participar en A Coruña en una de las muchas protestas que estos días están protagonizando los ganaderos gallegos. No es para menos, porque el sector lácteo atraviesa, dice Paco, la peor crisis de los últimos años. «Estannos pagando 0,25 euros por litro de leite e iso é ridículo. É un prezo co que non cubrimos nin os custes de produción», explica justo antes de hacer una predicción muy pesimista: «Se isto segue así, en menos de tres meses cerrarán moitas explotacións».
Insiste en que le gusta su trabajo, que no es tan esclavo -«salvo en momentos moi puntuais»- como dice la tradición, pero que no se lo aconseja a nadie. «É un sector cunha incertidumbre tremenda, nunca sabes canto vas cobrar e as cousas agora aínda están peor. Saen normativas novas cada dous por tres e parece que os gandeiros somos sempre o inimigo», dice.
Su hijo asiente las palabras de su padre, pero no se rinde. «Agora mesmo están mal todos os sectores, hai paro en todos lados, así que eu prefiro resistir aquí», dice Rafael. Además, pese a la crisis, asegura que este no es un buen momento para que la familia Veres tire la toalla. «Hai só catro meses renovamos toda a granxa e aínda temos que pagar o préstamo», cuenta Paco. Además, también han aumentado su cuota láctea. En estos momentos, la explotación cuenta con 39 vacas, que producen unos 330.000 litros anuales. «Cando as cousas ían ben, cando os prezos estaban en niveis normais, vivíase ben», explica Veres Couto, quien con su hijo se embarcó, hace unos meses en la producción de leche rica en Omega 3. El secreto para lograrla, cuentan, está en la alimentación, pero el problema es que la compañía transformadora con la que trabajan «aínda non veu recollela e non hai forma de contactar con eles», lo que ha provocado que, pese a su calidad y a los altos costes de producción, la estén vendiendo como leche normal.
La situación actual, insisten los dos, no es buena, pero confían en que pronto puedan ver la luz al final del túnel. No es el momento, asegura Paco, de tirar por la borda cuarenta años de intenso trabajo.
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