Toda una comarca contra el invasor

J. R. Fidalgo

LUGO CIUDAD

Hoy se cumplen doscientos años del segundo ataque del ejército napoleónico a Corcubión y Cee, unos hechos de los que quedan diversas fuentes escritas

21 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Siguiendo instrucciones de la Suprema y Soberana Junta Central y especialmente la del Excmo. Sr. Marques de la Romana de fecha 17 de Diciembre de 1808, se acuerda: Que por descontado, se circulen órdenes a todos los Justicias dependientes de esta capital, para que inmediatamente, hagan reunir todos los Oficiales, Sargentos, Cabos y soldados licenciados que aian servido en el Egercito, Caballería y Melicias, no excediendo de la edad de sesenta años y que estén capaces de servir, tomar las Armas traiendo cada uno las suias». Así comienza una misiva remitida por el consistorio de Justicia y Regimiento de la ciudad de Santiago de enero de 1809, y que aquí se reproduce literalmente, respetando la grafía de la época.

Se trata del alistamiento, al que estaban llamados «todos los mozos desde la edad de diez y seis a cuarenta y cinco años, por descontado los solteros y viudos sin hixos, sin excepción alguna...». Y con esa intención se pide la colaboración de los curas gallegos para que hagan circular la información por sus parroquias, «de modo que los Curas ó tenientes con sus respectivos mayordomos pedaneos alisten los dichos mozos solteros y viudos sin hijos y los más casados quedando estos prevenidos para estar próximos al primer llamamiento....».

Había que prepararse, y hacerlo, además, con la mayor celeridad posible, porque así -continuaba la misiva- lo exige «la salud de la Patria y defensa de los Hogares de los verdaderos Españoles». Al final de la carta, fechada «a siete días del mes de Enero, año de mil ochocientos nueve», estampaban sus firmas «Francisco Trillo de Soto, Justicia, José Armisen, Manuel Valderrama y Barrio. Ante mí, Dr. Mathias Cotón y Vermez».

Preparativos

A principios del 1809, los franceses habían llegado a Galicia y había que movilizarse. El Duque de Dalmacia ( Mariscal Soult) a principios de febrero dio ordenes al arzobispado para que se dirigiese a sus párrocos: «Para que por medio de la predicación y otras funciones de su ministerio traten de exhortar y persuadir a la fidelidad y obediencia de S.M. el Sr. Josef Napoleón y al sosiego y tranquilidad.»

El duque de Elchingen (Mariscal Ney) dirige oficio al arzobispado de Santiago que con toda la brevedad posible enviase «un estado general de todos los Obispados, y extensión que tienen», parroquias, conventos, y rentas que perciben. Y la aportación de 4.898.539 reales y 2 maravedíes -a pesar de haber sido esquilmadas las parroquias por donde pasaban los franceses, se les seguía pidiendo aportación económica a la causa del ejército francés-. «A Lugo: 901.229 reales y 2 maravedíes; Mondoñedo, 632.165 reales y 18 maravedíes, Orense: 2.487.378 reales y 6 maravedíes y a Tuy: 1.080.688 reales y 6 maravedíes».

A través del Arzobispado se recaudaba la cuota correspondiente a cada parroquia en función de sus instituciones religiosas y fieles. No contentos con esto, distintas fuerzas de caballería -Dragones, sobre todo, que eran el principal cuerpo de la caballería francesa, usados tanto en patrullaje como en batalla. Estos jinetes al pertenecer a la caballería media, combatían a caballo o a pie- se distribuían por el país y por medio de amenazas y venganzas demandaban trigo y vino para la tropa, forraje para las caballerías y dinero en efectivo.

En cuanto a la manutención de la tropa, ya se manifiestan distintos párrocos y abades coincidentes en la ruta que siguen las tropas. El párroco de San Juan de Carballo escribe: « ... y por otra en razón de hallarme en la carretera para los puertos de Camariñas, Corcubion, Cee Mugía y Laxe, tener que hospedar a diferentes y considerables partidas de tropa francesa.» El de San Thome de Xaviña: «... que por allí frequentemente pasan tropas de la Coruña a los puertos de Camariñas, Corcubión y por donde transitan tropas... al Castillo del Soberano». En este mismo sentido se manifiestan la totalidad de los párrocos que quedan ubicados en el camino de A Coruña o Santiago que los dirige a Camariñas, Cee, Corcubión, Fisterra, Laxe y Muxía.

Desde enero, Corcubión y otras poblaciones habían sido visitados por la tropa en distintas ocasiones y se habían sometido aunque no de buena gana, pero a mediados de marzo, cansados de tanto abuso, decidieron resistir. Los franceses habían enviado una nueva solicitud para recaudar trigo y vino, a lo que la junta de defensa les respondió «Que veñan eles mesmos e que o leven». Y vaya si vinieron. Ya estaban decididos a hacerles frente a los franceses.