El boirense Marco Antonio Pérez se adjudicó el campeonato del mundo de carreras sobre lodo celebrado en A Barquiña
Por su forma de correr parecía que el boirense Marco Antonio Pérez García no quería mancharse demasiado en medio del barro que hay en el litoral de A Barquiña en el primer campeonato del mundo de carreras sobre lodo, sobre una distancia de 2,5 kilómetros. La técnica del atleta de Boiro al pisar el fango no fue otra que la de ir de puntillas para evitar que la planta de las zapatillas deportivas hiciese el efecto ventosa y le frenase demasiado en su progresión.
Este muchacho de 29 años partió en último lugar desde la línea de salida y, como quien no quiere la cosa, fue adelantando poco a poco a sus rivales, que iban notando el peso de la lama en su cuerpo y pagando el gran esfuerzo realizado en los primeros metros de la prueba. Sus pies casi no se enterraron en el barro debido a que usó un calzado adecuado y su zancada era de lo más estilizada, mientras las extremidades de sus rivales pasaron más tiempo hundidas en el fango que en el aire.
Después de cubrir una de las tres vueltas del recorrido de la prueba, Pérez García ya se había colocado en segunda posición, detrás del noiés Benito Horta, entrenador del equipo de remo de la localidad, al que tenía al alcance de la vista, pero del que le separaban aún muchos metros. En la última vuelta, se produjeron varios hechos que decantaron la victoria del lado del atleta de Boiro. En primer lugar, al anfitrión Benito Horta le pasó factura el desgaste realizado durante casi dos kilómetros de la carrera, y que llegó a la cita con siete kilos por encima de su peso habitual.
Suerte
Pero la suerte juega un papel importante en las competiciones y, en esta ocasión, se alió con Marco Antonio Pérez. En la prueba en la que los participantes debían encontrar un berberecho de color rojo entre el fango, el boirense lo halló nada más meter la mano, mientras su competidor tardó más de tiempo. Además, Pérez García no se detuvo nunca y sólo ralentizó su marcha para evitar arrollar, sobre todo en el puente de madera, a los participantes más pequeños, «que foron os que máis me mancharon de lama», precisó.
En la zona de arrastre por el barro no encontró demasiadas dificultades. De hecho, aseguró al término de la carrera que se trataba de una competición muy exigente y dura que precisa de una buena preparación «algo que lle faltou a moitos dos competidores». Aseguró que impuso un ritmo tranquilo y que su idea no era luchar por el triunfo, sino pasarlo bien.
Aún así, el atleta local se mantenía en cabeza, pero fue por poco tiempo, pues un pequeño cambio de ritmo del deportista boirense, que milita en el Egovarros de Viveiro -aunque se escriba con uve todo hace indicar que se le da bien el barro-, fue suficiente para rebasarlo. Mientras lo superaba escuchó de su rival que le daba igual llegar primero que segundo, al ver que el tercero que finalmente cruzó la línea de meta, el francés Christophe Bernard, de 30 años, se encontraba lejos. El último en llegar fue el nicrariense Yago Atrio Lema, de 10 años, que reconoció que el tramo final le costó muchísimo, pero estaba orgulloso de completar el recorrido.