ribeira | En Noia se celebró ayer una sesión plenaria que en principio parecía tranquila y casi de trámite, de esas en las que la oposición vota a favor de buena parte de los puntos del orden del día. Nada más lejos de la realidad. Casi al final, con las intervenciones del público (el salón estaba abarrotado), relacionadas todas ellas con la construcción de la variante, llegó el acaloramiento. Sin embargo, a diferencia de otros plenos en los que también se palpó tensión entre el respetable, ayer la protesta vecinal fue larga y tendida y, al filo de las diez de la noche, altavoces en ristre, más de cien afectados perseguían por la alameda al regidor Rafael García Guerrero y al teniente de alcalde, Bieito González. Pedían, sobre todo, la dimisión del primero.
El ambiente comenzó a caldearse, precisamente, en el turno de preguntas. Fue el portavoz del PP, el ex mandatario Antonio Pérez quien abrió el debate sobre la variante al preguntarle al regidor qué hacían anteayer unos técnicos de Política Territorial visitando los terrenos de la opción preferente de la Xunta. «¿É que xa hai unha decisión tomada ao respecto do trazado?», preguntó.
Sin conocimiento
El regidor insistió en que no le constaba esa circunstancia, y que la visita se debió a que el gobierno local está interesado en que los responsables de la Xunta conozcan de primera mano los distintos trazados.
Su respuesta no sirvió al público (en su mayoría integrante de la plataforma a favor del trazado exterior), que preguntó tanto por este asunto como por la posición del alcalde con respecto a la variante. Aunque todas las intervenciones fueron tensas, el regidor evitó, pidiéndoselo expresamente a la policía, que hubiese desalojos.
Sin embargo, lo peor para Guerrero estaba por venir. Las cornetas que se oían desde la casa consistorial ya anunciaban que fuera se cocía algo. Tal cual. Cuando los ediles abandonaron el pleno, los vecinos gritaban: «Guerrero dimisión y Lage ao paredón» y otras consignas en contra también del BNG. Al cierre de esta edición, y después de que los políticos entrasen en un bar cercano, los manifestantes seguían esperándoles en la calle.