Los viejos aliados ajustan cuentas

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

El PGD carga contra la «demagogia» de Cacabelos

02 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Tanto José Antonio Cacabelos como Fredi Bea desembarcaron en la arena política de O Grove en el año 2007. Ambos eran unos desconocidos en lo que a gestión de la cosa pública se refiere: era la primera vez que encabezaban un cartel electoral, uno el del PSOE, otro el del PG. Las urnas quisieron que los dos recién llegados tuviesen un papel protagonista en los últimos cuatro años de la historia local de O Grove, el uno como alcalde, el otro como colaborador leal.

Aquella idílica relación se deterioró hasta tal punto que, cuatro años después, Fredi Bea forma parte de un nuevo gobierno de coalición, encabezado esta vez por el PP de Miguel Pérez, y carga tintas sin contemplaciones contra el ex alcalde y la «demagoxia» que, dicen, gastó en el último pleno al acusar de falta de coherencia al PGD por apoyar la decisión del nuevo gobierno de reiniciar el trámite para el centro de día.

«Queremos deixar meridianamente claro que no pacto de goberno asinado, un dos nosos principais obxectivos é o centro de día, e imos loitar para que sexa unha realidade a maior brevidade, pero dentro da legalidade», dice un comunicado de prensa del PGD en el que se espeta a Cacabelos: «Dende a bancada socialista rumoréase que cambiamos de lugar, non dándose conta de que os que cambiaron foron eles, pois nos seguimos sendo goberno mentres eles están na oposición».

Los galeguistas también reprochan a Cacabelos que «reclamase á concellería de Deportes un regulamento de usos para a zona deportiva de Terra de Porto». «Por fin o señor Cacabelos se deu conta de que unha pista deportiva debe depender de Deportes, cousa da que non se decatou mentres era o alcalde». Siendo regidor, arguye Bea García, el socialista «non se acordou do seu compañeiro de goberno para o deseño da pista, para a súa presentación, para o seu uso».

Todo aquello fue interpretado por Bea García como una «falta de respecto» a su trabajo y a la formación a la que representa. Una de las muchas que, dicen desde el PGD, jalonaron la historia de un desencuentro entre dos aliados políticos.