«La de los huevos soy yo, dijo la gallina»

Manuel Villaronga

AROUSA

En un magnífico libro, Piensa, es gratis, Joaquín Lorente, uno de los mejores publicistas del mundo, señala que en su larga trayectoria profesional, cuanto mayor era la trascendencia del problema al que se enfrentaba y mayor la capacidad intelectual del interlocutor, más recurría a los viejos dichos. Son, alega, una obra maestra de la sencillez y la simplificación: «No pretende ser docto, ilustrado o circunflejo. Triunfa porque todos lo entienden a la primera». Por ejemplo: «La avaricia rompe el saco» o «la de los huevos soy yo, dijo la gallina».

Mi abuelo materno también recurría a esa táctica. Cuando veía venir una trastada, nos argumentaba y advertía, hasta que, cuando pasaba lo que irremediablemente tenía que pasar -un roto en el pantalón, por ejemplo-, recurría al viejo dicho: «Eu avisín, avisín». Y todos lo entendíamos a la primera.

Con el asunto del Faiado da Memoria acaba de ocurrir otro tanto. La idea de crear un Arquivo Social da Memoria es una magnífica idea; su realización fue, desde el principio, una trapallada. La Biblioteconomía como la Archivística o la Documentación son ciencias y tienen sus técnicas. Una fotografía puede ser una obra de arte y nos puede deleitar -¡mira, si es fulanito, menuda pinta que llevaba entonces!- pero es, ante todo, un documento. Y los documentos precisan de técnicas de conservación pero también de clasificación y catalogación: título, palabras clave, descripción, autor, donación, fecha, lugar, tipo de reproducción, formato, soporte, proceso, color, dimensiones? Solo así se puede, primero, «archivarlas» y, después, hacer el trabajo «social», es decir, contextualizarlas.

Poco o nada de esto se ha hecho. Desde el principio, esto ha sido un juego sin rigor. Hay quien ha confundido la nostalgia con la historia, y la buena fe con el vivalavirgen, que total pagamos todos.

Y así acabó la cosa. Eu avisín, avisín.

El fallo del Faiado

Y eso no es lo peor. Lo peor es que se ha reunido un montón de material con el aval de una institución. Ese material tiene muchísima más importancia que la dichosa pasarela o los manidos bancos de Ravella. Ahora, en su mayor parte, va a quedar en manos privadas. Sería interesante, pues, conocer la opinión al respecto de quienes tanto dicen defender el patrimonio (si bien les advierto que pueden ser objeto de injurias, calumnias y difamaciones varias).

Verán: un Archivo Social, como las fotografías que contiene, es algo serio. Nos ayuda a entender el pasado y, por tanto, a hacernos mejores en el futuro. Pero hay que hacerlo con método y sin condicionamientos ideológicos (ni de los otros) previos. Y ahí está el fallo del Faiado.

Pongamos un ejemplo (y de los que duelen): la isla de Cortegada. Cualquier foto de la isla, a principios, a mediados o a finales del siglo XX es una gozada. Pero «pongámoslas en valor», eso que tanto se lleva ahora. La primera: nuestros abuelos aplaudieron hasta con las orejas que se donase la isla al Rey. La segunda: nuestros padres aprobaron su urbanización y por eso nombraron a su hijo, don Juan, alcalde perpetuo. La tercera: nosotros, sus hijos y nietos, celebramos que sea pública y parque nacional. ¿Quién se equivocó? Ninguno. O todos. Depende del contexto: nuestros abuelos no entenderían que se dedicara semejante isla a parque nacional, como tampoco nosotros entendemos que nuestros padres estuvieran de acuerdo en urbanizarla. Conclusión 1: cada uno es hijo de su tiempo. Conclusión 2: así se pone en valor una fotografía del Arquivo Social. Conclusión 3: el pasado es para aprender de él, no para vivir en él (y menos para vivir de él, como algunos han pretendido).

Soñar por ser

Y ya que comencé con Lorente, permítanme que remate con él: «Hay entornos que estimulan y otros que frenan; unos en los que mucha gente sueña por ser, y otros donde se duermen en lo que han sido; unos que apuestan por lo nuevo y otros que se encadenan a lo trillado. En unos domina la libertad y en otros la limitación».

Si por decir esto me van a meter en el cada vez más nutrido pelotón «dos fascistas», pues que sea. Pero eso no impedirá que deje de pensar. Es que, ¿saben?, es gratis. Y en los tiempos que corren?