| El debate
Este verano, el Centro de Iniciativas Turísticas de O Grove puso en tela de juicio la llegada de una gran cantidad de autocaravanas a la localidad. Sus ocupantes, señalaban desde el CIT, son turistas en cuya solapa no se puede colocar la etiqueta «calidad». Generan gastos, pero no dejan ingresos, señalaban los responsables del colectivo grovense. Y esa idea parece estar extendida al otro lado del istmo de O Bao.
Sin embargo, los responsables de la Asociación Galega de Autocaravanas desmienten esos argumentos y aseguran que quienes apuestan por esta forma de hacer turismo son generalmente familias que hacen tanto gasto como cualquiera en las localidades que visitan. El único problema que se esconde tras las críticas vertidas contra el colectivo de las autocaravanas es «la presión que realizan hosteleros, especialmente del sector de los cámpings». Unos establecimientos que «no han hecho, en la mayor parte de los casos, ningún esfuerzo por adaptarse para prestar servicio a las autocaravanas», y que piden cantidades astronómicas en relación al servicio que prestan.
Polémicas a un lado, lo cierto es que el número de personas que optan por esa forma de turismo crece año tras año, y eso llevará a que «los alcaldes, si son inteligentes», comiencen a buscar fórmulas para aprovechar el tirón. Crear puntos de servicio para estos vehículos es el primer paso.
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