Una iniciativa privada de interés general que debe afrontar obstáculos de todo tipo

La Voz

VIGO CIUDAD

En Galicia, la recuperación de barcos históricos ha quedado al albur de la iniciativa privada. No suele ser la práctica habitual: en el resto de España, barcos similares a los restaurados en Galicia gracias al empeño de pequeñas empresas dependen directamente de la Administración. Es el caso del pailebote Santa Eulalia, del Museo Marítimo de Barcelona; el cutter El Far, del Puerto de la misma ciudad; el Cantabria Infinita del Gobierno cántabro; el Gure de la administración vasca; o el Pascual Flores, dependiente del Ayuntamiento de Torrevieja.

Mientras en el resto de la costa española las administraciones corren con los gastos de la puesta en valor de los barcos históricos, en Galicia quienes han suplido esa falta de iniciativa pública se encuentran, por encima, con todo tipo de obstáculos.

En un puerto como O Grove, que puede presumir de ser la base de un gran número de embarcaciones de ese tipo, estas naves carecen incluso de puntos de atraque en condiciones. El Concello solicitó a Portos que buscase una solución a este problema, pero de momento las gestiones realizadas de poco han servido.

De hecho, la creación del museo flotante al que aspira el gobierno local meco parece estar un poco más lejos. Y es que algunas embarcaciones que antes era fácil ver en aguas de la dársena de O Corgo ya han puesto rumbo a otras localidades para intentar labrarse un futuro. El Nauja opera en la actualidad desde el puerto de Vigo. Y el Raquel trabaja desde Portonovo.