El sindicato ITF advierte de que la convivencia a bordo del «Bermeotarrak 4» se está deteriorando

La Voz

AROUSA

El sábado se cumplirá un mes desde el abandono del Bermeotarrak 4 en aguas de la ría Arousa por parte de la armadora vasca Pebertu. Después de sumar 18 días fondeado frente a A Pobra, el atunero arribó hace una semana al puerto de Vilagarcía. Desde entonces, todas las negociaciones entabladas con la empresa propietaria del buque para conseguir que salde sus deudas con la tripulación, a fin de que sus miembros puedan dejar el barco, han fracasado. Pero el tiempo no pasa en balde, y la Federación Internacional de Transportes (ITF) alerta sobre el deterioro que está experimentando la vida a bordo.

«La situación, sobre todo la de los tripulantes de origen africano -se trata de 18 de las 25 personas que continúan viviendo en el Bermeotarrak a la espera de una solución-, está empeorando», advirtió ayer Luz Baz, portavoz del sindicato. Después de tantos días, los marineros africanos están absolutamente desconcertados y no acaban de explicarse por qué no pueden volver a casa de una vez.

Al menos en teoría, encontrar un remedio no debería ser complicado. La ITF calcula que la venta de las 300 toneladas de túnidos que encierran las bodegas del Bermeotarrak proporcionaría a la armadora ingresos suficientes como para saldar la deuda de 197.000 euros que mantiene con la tripulación y sufragar la repatriación de los marineros de Senegal, Costa de Marfil y Ghana. El resto de los empleados inmovilizados en Vilagarcía son cinco gallegos y dos vascos que no tendrían problemas.

Existe, al parecer, un comprador para la mercancía. Pero ni la operación se ha confirmado ni Pebertu ha dado muestras de querer agarrar el toro por los cuernos. La última alternativa para defender los derechos de los trabajadores sería solicitar el embargo del barco y su carga. Pero esta opción dilataría enormemente el momento en que los tripulantes pudiesen cobrar sus salarios.