En lo que parece que no cabe discusión es en el problema de seguridad vial que existe en la carretera de entrada a O Grove, a la altura del ismo de O Bao. Cuando el conductor aborda este tramo, desde la rotonda de Noalla a la que está situada a la entrada de Ardia, se encuentra de repente con la sensación de que entra en un túnel, dado que el trayecto carece de sistema de iluminación alguno.
Esto no es casual. Ya cuando se construyeron los cuatro carriles de O Bao, siendo Xosé Cuíña conselleiro de Política Territorial, se planteó instalar alumbrado, pero no fue posible debido a las restricciones que pesan sobre este espacio, como consecuencia de las figuras de protección medioambiental al que está sujeto. La luz artificial alteraría el hábitat de las aves que allí se concentran a lo largo del año con el consiguiente perjuicio para la fauna.
El istmo de O Bao lleva años sin luz pero la situación se agrava cada vez más dado que el conductor tampoco puede ya orientarse bien por la señalización de la calzada. Las líneas que indican los carriles y los arcenes están casi borradas en algunos tramos de modo que de noche y con condiciones de poca visibilidad -lluvia o niebla- conducir se convierte en una tarea peligrosa. Tanto en la etapa del gobierno del PP como ahora con el cuatripartito, el Concello se ha dirigido a la Xunta para que busque alguna solución mediante, por ejemplo, la colocación de reflectantes. En los quitamiedos de la parte de Noalla sí se han colocado unos dispositivos de este tipo pero en el tramo de O Grove no; allí la carretera se convierte en una suerte de agujero negro en los que la claridad solo asoma en las rotondas.