Aunque el terreno que circunda el edificio no es muy grande, la comunidad educativa del instituto trabaja para habilitar allí un invernadero y un huerto
La mayor parte de sus familias tienen una pequeña huerta y un compostero en el que convierten en abono todos los desperdicios orgánicos que generan. Así que los chicos del instituto de A Illa no podían ser menos comprometidos con el medio ambiente que sus progenitores. Guiados por buena parte de sus profesores, especialmente por las coordinadoras de esta iniciativa, Charo y Sonia, los alumnos del centro de Os Castriños desarrollan un ambicioso proyecto ambiental vinculado a Voz Natura, el programa de la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre.
A pesar de que es su primera participación y de que no hace muchas semanas que comenzaron las clases, y a pesar, también, de la insistente lluvia, lo cierto es que han llevado a cabo ya un importante trabajo, preparando las parcelas de cultivo y el invernadero que han construido en el recinto escolar. Han elaborado un calendario de trabajo, en el que participan fundamentalmente estudiantes de primer y segundo curso, y todos los recreos, cuando los aguaceros no lo impiden, salen al patio a retirar piedras, a preparar la tierra o a plantar.
En el invernadero ya está todo preparado para comenzar a cultivar. Lo destinarán, este año, a crear un vivero forestal con árboles autóctonos. Después, cuando los esquejes de nogal, carballo y castaño -son estas tres las especies elegidas- estén listos, se destinarán a repoblar alguna zona del municipio que el Concello elija. Porque, además de contar con el apoyo del programa ambiental de Voz Natura, con el centro también colabora el Ayuntamiento isleño, en especial su responsable de Medio Ambiente, Lola Folgar, y el centro de investigaciones forestales de Lourizán, que les ha cedido alguna tierra.
Pero si el invernadero será el espacio para los árboles, y también para los semilleros, las parcelas exteriores las dedicarán a la agricultura ecológica. Por eso las están organizando mediante bancales, con el objeto de pisar lo menos posible la tierra, y por eso no utilizarán, en sus cultivos, pesticidas ni herbicidas.
Cuando esa tierra comience a dar sus frutos, los alumnos del instituto aprenderán a cocinar recetas con los productos sacados de la huerta. Seguro que no tendrán que pasar muchos meses antes de que eso ocurra; al fin y al cabo ya se sabe que A Illa presume de tener las patatas más tempranas de toda la comarca, y si a ello sumamos los cuidados que los estudiantes dispensan a su recinto, seguro que el ciclo vital de las hortalizas no les hace esperar mucho.
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