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AROUSA

Monika Neukkoter dejó por amor la ciudad de Gütersloh para vivir primero en Carballo y después en la villa turística

29 jul 2009 . Actualizado a las 11:36 h.

Su historia podría ser una más, pero esta alemana con rasgos nórdicos de 41 años decidió ponerse el mundo por montera y con 20 años cambió la fría ciudad de Gütersloh, en el estado de Renania Norte de Westfalia, por el sol de las Rías Baixas, previo paso por Carballo, cuna de su familia y donde se enamoró de un coruñés. Ni lo dudó. Dijo adiós a la moderna y segura Alemania por una España recién salida de la dictadura franquista. Y no quiso Mallorca como muchos de sus compatriotas. El amor la trasladaría después hasta Sanxenxo y ahora ya no puede vivir sin el mar. Monika Neukotter recuerda esos comienzos como una vuelta al pasado. "Los Kinder sándwich que hace poco empezaron a llegar a España, ya los llevaba yo al colegio cuando era pequeña", bromea.

Hoy ha aceptado las costumbres españolas a la perfección y no solo le gusta la vida social de Sanxenxo sino que es una admiradora del "piscolabis", al que ya se ha acostumbrado su madre, que con 20 años emigró a Alemania y ahora cada verano coge un avión para pasar el verano con su hija y su nieta Violeta.

Pasión por A Coruña

Después de 20 años en Galicia no lo duda. Para vivir Sanxenxo y para disfrutar de los paisajes la Costa da Morte, aunque si algún día tuviera que elegir una ciudad española para vivir, se quedaría con A Coruña. Es testigo directo de los últimos veinte años de la villa turística a través de su trabajo como peluquera canina. Ella peina a las mascotas de los veraneantes más exclusivos, entre los que se encuentran la familia Domínguez de Pontevedra o los propietarios de Muebles Mendoza. Por sus manos ha pasado hasta el famoso perro del anuncio de Scotex y un sinfín de anécdotas que no quiere desvelar para no comprometer a sus clientes.

Mónica recuerda ahora entre risas el apogeo de Zoo. "Vivíamos detrás de la discoteca y dormíamos en la playa muchas veces", asegura. Aunque las Rías Baixas la atraparon tanto como lo hizo su marido Fran, Mónica Neukotter, vuelve un mes al año a Gütersloh. "Desde la caída del muro cambió mucho y aumentó la inseguridad", explica, pero diciembre está reservado para sus padres y amigas aunque la vida social acabe allí antes de las cinco de la tarde. "Allí viven para trabajar, en Sanxenxo es al revés", dice al despedirse.

Contra el cáncer a pie de playa

La lucha contra el cáncer no entiende de horarios pero sí de fechas. En pleno verano toca sensibilizar en la playa contra los tumores cutáneos. En las escaleras de Silgar, la presidenta de la junta comarcal de O Salnés en la Asociación Española de la Lucha contra el Cáncer, Reyes Mariñas, se enfundó unas gafas de sol y un sombrero y no dudó en repartir información y crema protectora. «La gente si ve el folleto no quiere nada, pero cuando ven que regalamos una crema y es de la asociación se acercan», explica.

Además, aprovecha para recordar que mañana tienen organizada una yincana infantil en Baltar para concienciar de la gravedad de esta enfermedad a los más de treinta niños que enviarán cada ayuntamiento de la comarca.

Desde ayer la sala de exposiciones del puerto deportivo de Sanxenxo, Juan Carlos I, acoge Arte Gallego del siglo XX, un recorrido por las obras de los grandes artistas de la comunidad como Barreiro, Seoane, Castelao o Maside. Los que quieran subir a su mochila cultural la pintura gallega solo tendrán oportunidad de hacerlo hasta el próximo lunes.