Ayer se puso la primera piedra de un camino que se presume largo y florido. La primera edición de la Festa da Malla de San Vicente, en O Grove, reunió a cientos de nuevos entusiastas, que bautizaron como se merece un espectáculo de estas características. Fue una jornada plagada de actividades, que contó con un buena temperatura atmosférica y que ha puesto el listón muy alto de cara al próximo año. El primer ingrediente, y por lo tanto el más importante, es el de recuperar y apostar por una vieja tradición, la de «mallar» el trigo para separar el grano de la paja. Medio siglo después de que los últimos vecinos de San Vicente asistieran al paulatino abandono de esta técnica, se vuelve a poner de actualidad, aderezada por el ambiente lúdico-festivo para aquellos viejos «malladores» y para los de nuevo cuño.
El menú de la romería grovense se articula sobre la tradición, la cultura de otros tiempos, el campo y, como no, la música y la buena comida. Actuó el grupo Ardentía, porque las fiestas, con folk son más fiestas. Además, hubo espectáculo de cuentacuentos, de la mano de Tareixa a Tartareixa y cultura en estado puro, con panderetas, gaitas y baile. Del capítulo de gastronomía dieron buena cuenta los allí presentes. Hubo dos grandes grupos: los que fueron bien pertrechados de casa con las viandas y los que quisieron hacer acopio de víveres sobre el terreno. Lucieron los pulpos, el churrasco, las empanadas, los chorizos y obviamente el buen vino. Ayer se escribió la primera página de un libro que se espera sea tan largo como intenso en la labor de recuperación de la cultura ancestral gallega y meca.